La indignación y la impotencia ha estallado hoy entre los familiares de los 65 mineros atrapados en la mina Pasta de Conchos, en el norte de México, tras enterarse de la suspensión temporal de las tareas de rescate.
El gerente de la empresa Industrial Minera México, Arturo Bermea, ha anunciado la suspensión de las labores de rescate por dos o tres días debido a que existen niveles peligrosos de concentración de gas metano y se corre el riesgo de nuevas explosiones.
"¡La vas a pagar caro, perro maldito!", gritaba una mujer durante el anuncio de suspensión del rescate, y zarandeaba de la camisa al ministro de Trabajo, Francisco Salazar, que ha tenido que ser protegido por militares.
Para poner a salvo al ministro en el interior del complejo minero, los militares ha tenido que empujarlo a través de una reja de no más de 30 centímetros de ancho.
Por otro lado, mientras una madre era retirada en una camilla abrumada por la pena, otra mujer se ha abalanzado contra el presidente de Industrial Minera México, Javier García de Quevedo, y lo ha retenido por espacio de 15 minutos sobre la plataforma en la que ha informado a las familias de los mineros atrapados. La misma suerte ha corrido el gerente de la mina, Rubén Escudero que ha sido retenido por los indignados familiares contra un muro.
Las familias han exigido a gritos la presencia del gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, después de que durante el día creció el rumor de que el funcionario había sido expulsado del interior del complejo minero por supuestas diferencias sobre el manejo de la información.
Moreira dijo ayer a la cadena Televisa que 26 de los mineros estaban muertos, mientras que el ministro del Trabajo, Francisco Salazar, expresó que aunque las condiciones de aire no permitían condiciones de vida no podía afirmar que alguno de los mineros estuviera muerto.
Dolorosa espera
Los padres de Jesús Armando Rodríguez, un minero de 19 años que permanece atrapado desde el domingo pasado tras una explosión de gases, han dicho que está muy mal que se hayan suspendido las tareas de rescate y aseguran que permanecerán hasta el final, "hasta que nos entreguen a nuestro hijo. Queremos que venga el gobernador".
Sin embargo, José Luis Silva, cuyo padre está entre los mineros atrapados, han señalado que no quieren "que más personas mueran debido a que los rescatistas también son mineros".
Tras la ira inicial y la impotencia por la suspensión de las tareas, los familiares se han retirado a sus carpas, la mayoría en estado de shock y han recibido atención de la Cruz Roja Mexicana y de los equipos de sicólogos que acompañan principalmente a las madres de los mineros.
Varias familias no abandonarán las inmediaciones de la mina hasta que terminen las labores de rescate.
La empresa ha ofrecido hoy una indemnización de 750.000 pesos (71.428 dólares) a los familiares de cada uno de los mineros atrapados.