A mediodía, en la plaza de Oquendo, distribuídas por varios bancos y los bordillos de los jardines, varias familias se llevaban algo a la boca al frío aire libre. En el cercano McDonalds de la Brecha, una mujer mayor con aire ausente se movía entre las mesas dando graciosos saltitos. De vez en cuando se dirigía con discreción a algún comensal, musitando algo sobre «una ayudita».
Fuera, tras el busto dedicado a Sarriegui, tres hombres malcarados y peor vestidos agitaban un tetra-brick del vino barato. Un titular de DV decía que «casi un tercio de los vascos vive bajo el umbral de la pobreza». Pues eso.