BILBAO. DV. ETA recrudeció ayer su campaña de extorsión a empresarios vascos e hizo estallar una bomba en la empresa bilbaína Barrenechea y Goiri, en lo que supone el tercer ataque contra industriales en apenas ocho días. La cadencia de los atentados perpetrados por la banda revela que este sector se ha convertido en el objetivo prioritario de la organización terrorista, en consonancia con un envío masivo de cartas de chantaje a empresarios y sus familiares detectado en los últimos meses.
La empresa atacada ayer, dedicada a la fabricación de envases metálicos para conservas, se encuentra en el polígono de Santa Ana, en el bilbaíno barrio de Bolueta. Apenas trescientos metros la separan del lugar en el que en agosto de 2000 fallecieron cuatro etarras al estallarles la bomba que pretendían colocar en un lugar que nunca fue posible establecer.
En esta ocasión los etarras habían dejado el artefacto explosivo en el rellano de acceso a las oficinas de Barrenechea y Goiri. Este espacio se encuentra en la primera planta del edificio que acoge tanto la sección administrativa como la fábrica. Según una reconstrucción policial y las declaraciones efectuadas por los testigos, los terroristas no tuvieron ningún problema en llegar hasta esa zona ya que al cabo de la jornada pasan por ella decenas de repartidores y el área carece de cámaras o cualquier otra medida de seguridad.
Cambio de turno
Según la hora en la que se produjo el aviso no se descarta que los autores del atentado aprovechasen el cambio de turno, que se produce alrededor de las dos menos cuarto, para dejar la bomba. Algunos de los trabajadores de la firma aseguraban ayer que creyeron haber visto a una persona dejar un paquete en el descansillo, declaraciones que está investigando la Ertzaintza. El atentado, en este sentido, se ejecutó a plena luz del día y en una zona relativamente concurrida.
El aviso de la explosión se conoció alrededor de las dos de la tarde, cuando una mujer telefoneó al diario Gara y a la DYA para anunciar en euskera el estallido de una bomba en la empresa de Bolueta. La activista no quiso decir a qué hora se iba a producir la explosión y tampoco precisó en qué lugar estaba colocado el artefacto.
Agentes de la Ertzaintza y la Policía Municipal se dirigieron entonces a la empresa y procedieron a evacuar a los trabajadores. Dado que no sabían a qué hora iba a tener lugar la deflagración, los policías actuaron con toda la urgencia posible y procedieron a establecer un amplio cordón de seguridad. Mientras intentaban poner a salvo a los empleados, uno de los agentes descubrió el explosivo. Los etarras lo habían escondido en el interior de una mochila y habían colocado encima, en un lugar visible, un cartel escrito en un folio blanco en el que se podía leer: «Cuidado bomba». En sus últimos ataques, la organización terrorista ha empleado este sistema para intentar reducir la posibilidad de que se produzcan víctimas mortales.
Una vez que se dio por sentado que en el lugar había un artefacto explosivo, la Ertzaintza procedió a aumentar las medidas de seguridad. Los agentes cortaron el tráfico en la carretera N-634, que une Bilbao con Galdakao y que pasa frente a la empresa. De la misma forma, procedieron a interrumpir el tráfico del Metro entre Etxebarri y el Casco Viejo. EuskoTren también tuvo que paralizar su tráfico dada la cercanía de las vías al punto donde se encontraba el artefacto.
La bomba estalló a las tres y cuarto de la tarde, cuando tanto la empresa como las inmediaciones habían sido evacuadas, por lo que no se produjeron heridos. La onda expansiva destrozó el área de oficinas, abrió un boquete en la fachada y levantó parte del techo de la fábrica. Inmediatamente después del estallido, los expertos de la Policía autónoma comenzaron a inspeccionar el lugar del atentado para intentar recoger restos del artefacto explosivo. Según señaló ayer el Departamento de Interior, los primeros análisis indican que los terroristas emplearon entre cinco y siete kilos de explosivo en el ataque. Según estos indicios, los etarras utilizaron cloratita, un explosivo que la banda fabrica de forma artesanal en sus talleres clandestinos de Francia. Los responsables de emergencias del Ayuntamiento, por otra parte, iniciaron ayer el examen del edificio y adelantaron que la estructura no había resultado dañada.
El tráfico en Bolueta fue recuperando la normalidad a lo largo de la tarde. A las tres y media el Metro reanudó su servicio y, quince minutos después, EuskoTren también volvió a circular. La N-634 no se abrió hasta última hora de la tarde. Alrededor de las seis, por otra parte, la Ertzaintza desalojó a doscientos trabajadores del polígono Denak de la cercana localidad de Basauri a causa de una falsa amenaza de bomba.
Por otro lado, los socialistas vascos exigirán que el Parlamento Vasco condene la sucesión de atentados, «intimidaciones e intentos de extorsión» que están sufriendo los empresarios y reitere su solidaridad con todos ellos. El PSE-EE presentó ayer en la Cámara autónoma-horas antes del atentado de Bolueta- una proposición no de ley con la que se quiere condenar la sucesión de ataques y remarcar la solidaridad de los partidos con los chantajeados y sus familias.
Además de expresar el «respaldo institucional a los amenazados», se recalca el apoyo al Departamento de Interior y a la Ertzaintza para que «erradique» unas «prácticas criminales» que «conculcan derechos y libertades fundamentales, ponen en riesgo nuestro desarrollo económico y social y suponen un empobrecimiento ético colectivo intolerable».