Jueves, 23 de febrero de 2006
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MUNDO
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La destrucción de un santuario chií desata una ola de violencia contra los suníes en Irak
La venganza de la comunidad mayoritaria se cobró la vida de seis personas, entre ellos tres imanes, tras los ataques a veintisiete mezquitas Líderes de ambos corrientes se unen para pedir el fin de la violencia
BAGDAD. Un atentado con bomba contra uno de los más venerados santuarios chiíes en Samarra, a unos 125 kilómetros al norte de Bagdad, y los posteriores ataques de venganza de decenas de mezquitas suníes hacen planear el fantasma de la guerra interconfesional en Irak. La violencia desatada se cobró ayer la vida de al menos seis suníes, tres de ellos imanes, además del secuestro en Bagdad de otro clérigo de la misma comunidad .

Según la Policía, «gente enfurecida por lo sucedido en Samarra» protagonizó las agresiones contra veintisiete templos suníes -la mayoría en Bagdad y su extrarradio-, dando a entender que habían sido perpetrados por fieles chiíes. En la respuesta de la comunidad mayoritaria en el país del Golfo también influyó, sin duda, el atentado mortal del martes, cuando la explosión de un coche bomba en un restaurante dentro de un mercado de un barrio de mayoría chií en el sur de la capital que dejó veintidós muertos y veintisiete heridos.

Pero la gota que derramó el vaso e inició los altercados tuvo lugar al amanecer en el interior del santuario de Askariya, una obra maestra arquitectónica islámica de 1.200 años de antigüedad. La cúpula de oro fue destruida y el revestimiento de mosaicos turquesas voló en pedazos. En este mausoleo, un lugar de peregrinaje, se encuentran las tumbas de dos imanes venerados por los chiíes, Alí al-Hadi (827-868) y Hassan al-Askari (845-872).

En el lugar del atentado, un coronel de las fuerzas especiales del Ministerio del Interior indicó que «cuatro hombres, el jefe vestido con ropa de comando y otros tres vestidos de negro y enmascarados, entraron el martes por la noche en el mausoleo y ataron a los cinco policías de guardia».

Pese a que no hubo víctimas, causó la inmediata reacción de la comunidad atacada, que salió a la calle para condenar la acción terrorista y mostrar su repulsa contra las tropas norteamericanas y el Gobierno, a los que acusaron de no ser capaces de proteger los santuarios.

La violencia se extendió por todo el país pese a que los llamamientos a la calma que trataban de evitar el conflicto sectario no tardaron en llegar. Algunos templos fueron incendiados, otros sufrieron ametrallamientos o apedreamientos, rompiendo ventanales o fachadas. Las autoridades se vieron obligadas a intensificar la presencia de tropas y policías en torno a las mezquitas. El gran ayatolá Alí al-Sistani, máxima autoridad religiosa del chiísmo, instó a los fieles a que se manifestaran de forma pacífica.

«Acción cobarde»

«Llamo a nuestro pueblo y a los musulmanes en todo el mundo a expresar sin recurrir a ningún tipo de violencia su protesta y a condenar este crimen», dijo el anciano religioso en un comunicado difundido por su oficina.

El primer ministro, el también chií Ibrahim al-Yafari, calificó el ataque de «acción cobarde contra todos los musulmanes», y pidió a los iraquíes a que se mantengan unidos contra los «terroristas»

Por su parte, la Asociación de Ulemas Musulmanes (AUM), máxima representación religiosa suní en Irak, condenó el ataque contra el santuario chií y lo describió como «un acto criminal destinado a instigar la sedición sectaria en estos momentos críticos».

Piden una investigación

El Partido Islámico de Irak (PII), uno de los más importantes de la comunidad árabe suní, pidió asimismo una investigación, aunque denunció el ataque contra sus templos. «Condenamos rotundamente esta criminal acción. Sectores imparciales deben investigarlo a fin de determinar quiénes están detrás y si forma parte de un plan para dañar al pueblo iraquí provocando una destructiva discordia sectaria», subraya.

Asimismo, la formación consideró que «el incendio de mezquitas y sedes de la agrupación política suponen delitos históricos que deben ser afrontados con responsabilidad por parte de todos para poner fin a estas acciones y enfrentar a los criminales antes de que sea tarde».La violencia no se circunscribió sólo al enfrentamiento entre chíes y suníes. Un juez resultó gravemente herido y dos de sus escoltas murieron por los disparos contra su automóvil en Muqdadiya. AGENCIAS



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