En un mundo cada vez más dominado por las leyes del mercado de masas, la supervivencia de la producción artesanal está en peligro. El proceso de globalización exige la homogeneidad de los productos y del gusto de los consumidores para que un artículo determinado pueda ser producido en masa, y ser comercializado con éxito en diferentes países, con distintas culturas. Y en este contexto se enmarca Mondovino, cinta documental del norteamericano Jonathan Nossiter que, a lo largo de tres continentes, recorre las sagas del mundo del vino y ha hecho tambalearla escena enológica mundial al mostrar a los viticultores que predican los valores de la tradición frente a quienes siguen el gusto internacional. La película, que llegará a España el próximo 3 de marzo, ha provocado fuertes discusiones y enfrentamientos entre los protagonistas de este sector que tanto dinero mueve.
Nossiter defiende la tradición, la experiencia acumulada por siglos y la tipicidad del vino como producto de la unión del hombre que produce los caldos y su tierra frente a la homogeneización impuesta por la riqueza, la tecnología y el mercado, especialmente el de Estados Unidos.
«Mi objetivo era que el gran público conociera más íntimamente el mundo del vino, sobre todo su estrecha relación con el hombre y su tierra. El vino es un espejo de las distintas culturas, un símbolo de la civilización occidental», explica el cineasta en España, el último destino de su trabajo que en su país, Estados Unidos, no ha sentado nada bien. Nossiter, que reside en Brasil, lleva un año promocionando Mondovino «una respuesta al lado más sombrío de la globalización. Es un retrato del momento actual de la cultura norteamericana, que está en su peor momento porque vivimos en una dictadura. Yo veo la película como una comedia que habla de cómo los tentáculos del poder también alcanzan al vino. Me han llamado traidor, mentiroso, deshonesto, manipulador...Y sólo porque hago preguntas. No soy Michael Moore, Mondovino no es un filme de denuncia, da la voz a todos y trata con respeto a todos los que dan su testimonio», apostilla.
El todopoderoso Michel Rolland, el mejor consultor de vinos del mundo; el influyente crítico estadounidense Robert M.Parker jr, dueño y director de la publicación The Wine Advocate; viticultores borgoñeses, de Burdeos y Napa; bodegueros de la Toscana; enólogos y críticos aparecen en este trabajo que compitió en Cannes 2004 y en el que Nossiter aborda sus dos pasiones: el cine y el vino.
Presiones
«Cada vez hay más vitivinicultores europeos que traicionan sus raíces y producen vinos fáciles de beber, de estilo internacional y sin carácter. Robert Parker, el famoso crítico cuyos gustos tienen un efecto directo en las formas de producir vino, es la expresión del poder estadounidense: o conmigo o contra mí», subraya Nossiter, que fue sommelier en Nueva York y diseñó cartas de grandes restaurantes.
«Tenía mucho material, más de 500 horas grabación, por eso no incluí viñas españolas y tampoco alemanas, que también sufren presiones para hacer vinos de gustos fácil. En todos los países hay resistentes y también colaboradores. No he querido hacer maniqueísmos, separar los buenos de los malos, sino hacer una lectura más humana sobre la convivencia entre tradición y modernidad. Cada vino debe ser una experiencia única», resalta Nossiter, que tiene intención de volver a la ficción con una comedia que filmará en Río.