OARSOALDEA. DV. En ocasiones, las iniciativas más solidarias surgen de los lugares más insospechados. Es el caso de Rumanalde, la Asociación Cultural de Ayuda y Amistad Hispanorumana. Fue hace 12 años, en 1994, cuando el instituto Koldo Mitxelena organizaba unos de sus intercambios con el instituto Cervantes de Bucarest.
Durante este viaje, los padres de alumnos del centro fueron conscientes de la situación que se vivía en Rumanía. Por ello, algunos de ellos decidieron crear una fundación de ayuda a sus habitantes, de los cuales hoy en día permanecen en la asociación 8 personas, de los 70 socios que la componen.
Desde entonces, han logrado que, cada mes de julio, entre 20 y 25 niños de 8 a 12 años, se trasladen a Oarsoaldea -alguno de ellos se desplaza a Legazpi y Pamplona- para disfrutar de unas vacaciones con sus familias de acogida.
Circunstancia que no resulta difícil para los pequeños porque, como afirma la secretaria de Rumanalde, María Pilar Vadillo, «son niños que se preocupan por aprender y que, además, vienen a la comarca con nociones básicas de castellano, ya que allí ven series y telenovelas por el Canal Internacional». Además, se integran perfectamente en el día a día de sus familias, ya que «cuando vienen, andan en bici, nadan llevan a cabo las mismas actividades que los demás niños.
Muchas personas deciden, tras la primera acogida, repetir la experiencia, en cuyo caso la familia corre con los gastos de desplazamiento, al contrario que en la primera visita, que es la Asociación la que los cubre. Pero hay mucha otra gente que opta por un apadrinamiento, generalmente en Cernavoda (cerca de Constanta) mediante el cual envían dinero a su 'ahijado'. Gracias a esta iniciativa, más de 90 niños cuentan con una segunda familia en Oarsoaldea.
Campañas de ayuda
Durante el resto del año se llevan a cabo otras campañas de ayuda, como la que está ahora mismo en activo, por parte de Rumanalde. La Asociación está colaborando en el mantenimiento de un centro para niños de la calle, la Casa San Juan. Otro local, el 'Idea', acoge a niños con Síndrome de Down en Oradea.
Y no sólo eso. Durante todo el año, ropa, juguetes, zapatos, muebles donados por la gente son almacenados en un local del barrio de Beraun, y cuando el material recogido es suficiente para llenar un camión, se envía a Rumanía, con un coste de 3.000 euros por viaje.
El dinero para sufragar estos gastos provienen de varios cauces: ayudas municipales, donativos de empresarios y particulares y, en Santo Tomás y San Marcos, instalan una txosna, cuyos beneficios íntegros van dirigidos a Rumanía.
Este dinero se transfiere a través de banca electrónica. Rumanalde trabaja conjuntamente con Cáritas de Bucarest, que envía a Oarsoaldea los justificantes de envío. De todos modos, «solemos ir casi todos los años para comprobar que lo que se está recaudando aquí esté surtiendo efecto», explica la secretaria.
Estas ayudas y más son pocas para la situación que se vive en Rumanía. «Los salarios son muy bajos, de unos 100 euros mensuales. La mano de obra es muy barata y, sin embargo, la vida está muy cara. En el mundo rural, las familias subsisten por el campo, y existe mucha economía sumergida. Aunque la situación está un poco mejor que al principio», comenta María Pilar Vadillo. «Se ven campos cultivados, pisos y en las ciudades empieza a haber supermercados».