Jueves, 23 de febrero de 2006
 Webmail    Alertas   Boletines     Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

BIDASOA
BUZÓN
Nostalgias (I)
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

La nostalgia es un sentimiento que dormita agazapado entre los pliegues de mis arrugas. Cuando menos lo espero se despereza y me invade con su sabor agridulce. Cualquier hecho cotidiano me lleva al pasado; la lluvia que cae mansamente, sin viento, con un fondo de neblina; el paso de un Fiat Balilla como el que conducía Ramón Larrañaga; la simple interpretación de la marcha de San Marcial fuera de temporada. En la ciudad -ciudad sin emblemas que dijo Enrique Noain- son varios los elementos desaparecidos cuyo recuerdo desata la irrupción de la nostalgia. Hoy les enumero tres, tres pequeños adornos urbanos cuya memoria me conmueve.

El faisán. Era aquella escultura que coronaba la fabriquita de cementos de su mismo nombre que hubo en Behobia y que un buen día desaparecieron juntos. Recuerdo el aspecto bonachón del pájaro y su espléndida cola.

El león. Se erigía, rampante, en el puente internacional de la Avenida, en dirección a Hendaya. Era, al parecer, obra del escultor Sebastián Miranda. Todos lo recordarán si contemplan las películas o postales de los años 40 y 50.

El niño de la taza. La desaparición más reciente. Constituyó desde antiguo el logotipo de Chocolates Elgorriaga. Con sus pómulos de angelote y su jícara humeante nos contemplaba desde lo alto de su torre de cristal, cuando la fábrica expandía la dulzura de sus productos en los alrededores de Mendivil.

¿Guardó alguien estas piezas? ¿Se las llevó la piqueta sin nostalgia? Creo que, si existen, deberían ser restituidas al pueblo cuyo urbanismo pertenecieron, para exhibirlas como exponente de otras épocas y alivio de la nostalgia.



Vocento
Monitor de tráfico Bidegi Canal Meteo Webcam