Jueves, 23 de febrero de 2006
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POLÍTICA
ATENTADO EN BILBAO
«La han liado gorda»
Los empleados vivieron en directo la destrucción de su empresa con la incertidumbre sobre el futuro de sus puestos de trabajo
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BILBAO. DV. Barrenechea y Goiri es una empresa erradicada en Bolueta en la década de los treinta y desde su fundación mantiene los propietarios «de siempre», según afirmaron ayer los trabajadores de esta compañía que se arremolinaban en el cordón policial tras la explosión de la bomba que destruyó sus instalaciones.
La congoja atenazaba a los empleados que, ante la potencia de la deflagración, esperaban ansiosos que les dejaran ver el estado de las dependencias ante el temor de no poder volver a ocupar sus puestos de trabajo. «Ahora mismo no sabemos si seguiremos trabajando o nos echarán a la calle», aventuraban. Dos mujeres sufrieron un ataque de ansiedad y tuvieron que ser atendidas por sanitarios de Osakidetza.
Otras dos se consolaban mutuamente, al tiempo que una de ellas recriminaba a los autores del atentado que «están jugando con el pan de mucha gente». «Bastante dura es la vida ya como para estar así», denunció.
Los trabajadores de los dos turnos –que cambiaba a las 13.45 horas– se cruzaron en la empresa y mientras que a unos les cogió el aviso de bomba en la compañía, otros lo vieron por televisión en los bares cercanos en los que se quedaron a comer. Tras la detonación, la mayoría se fue reuniendo en el mismo lugar, ya que el desalojo les había desperdigado.
«¡Está aquí!»
El reencuentro de los empleados provocó algunas lágrimas de emoción y otras de rabia contenida. Los operarios comenzaron a intercambiar impresiones y contemplaban absortos el estado en el que, desde la distancia y desde distintos ángulos, había quedado la empresa. «El tejado está descojonado. La han liado gorda. Nos han jodido», expresó un empleado.
La detonación del artefacto, seguida en directo por numerosos vecinos y medios de comunicación, y que levantó una gran nube de polvo, abrió dos boquetes en la primera planta, uno de ellos en la fachada principal. La onda expansiva derribó varios tabiques y redujo a escombros parte del primer piso, en el que se ubican las oficinas, así como la zona de las escaleras. El portón principal, en la planta baja, fue arrancado de cuajo. Dos trabajadores especulaban con que «si la empresa está mal, ésta es la guinda para que digan los dueños que se quitan de complicaciones».
Nervios en el desalojo
Otros empleados relataban nerviosos el modo en el que se produjo el desalojo. «Yo estaba en el torno, cuando he salido a medir una pieza y no había nadie. De repente, ha aparecido la Ertzaintza para que abandonáramos la fábrica», explicó. Pedro Corredor fue mucho más preciso. «Acabábamos de entrar en nuestro turno y hacia las dos ha venido la Ertzaintza para advertirnos del aviso de bomba. He subido a ver si quedaba alguien en las oficinas y detrás venía un ertzaina que ha gritado ¡está aquí! Viendo cómo ha quedado la puerta principal no quiero imaginarme cómo estará mi coche, que estaba al lado», apuntó.



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