Jueves, 23 de febrero de 2006
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AL DÍA
25 años de la intentona golpista
23-F, la noche más larga
El alto mando militar considera "imposible" que hoy pueda repetirse una intentona golpista como aquella
"¡Quieto todo el mundo!". La orden del teniente coronel Antonio Tejero nada más irrumpir Congreso de los Diputados, pistola en mano y al frente de un grupo de guardias civiles, todavía retumba en el recuerdo, pero ya no asusta a la democracia española. El 23 de febrero de 1981, sus señorías votaban la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno. "¡Al suelo, todos al suelo!", chilló un guardia civil de amplio mostacho antes de que una ráfaga de metralleta provocase que los parlamentarios -salvo Adolfo Suárez, Santiago Carrillo y el general Manuel Gutiérrez Mellado, ministro de Defensa- se escondieran bajo sus escaños.
Gutiérrez Mellado saltó de su asiento y se enfrentó a los golpistas: "¡Déme esa pistola y salga inmediatamente de aquí!", ordenó a Tejero. Varios guardias le interceptaron el paso, le agarraron de las solapas y, en su persona, trataron de tumbar el régimen democrático. Sólo Suárez salió en su ayuda; el olor a pólvora de las 37 balas percutidas llenó el salón e hizo temer a muchos que morirían acribillados. Aquel fue el primer acto de una crisis que tuvo en vilo a España entera durante 17 horas. Comenzaba la noche más larga de la democracia.
Veinticinco años después, el 23-F no tiene demasiados misterios para los estudiosos. El alto mando militar, formado por generales franquistas, veía en la Constitución una traición a los ideales defendidos por el Ejército en la guerra civil. ETA había asesinado en 1980 a 91 personas, con especial ensañamiento en las Fuerzas Armadas, y los generales no aceptaban la amnistía política; tampoco habían digerido la legalización del PCE y estaban obsesionados con el proceso autonómico, que veían como un riesgo para la unidad de España. En los círculos de oficiales se exigía la vuelta al orden y a la mano dura sin perder tiempo. Y no lo perdieron.
La conspiración empezó meses después de morir Franco y se intensificó en 1977 cuando el Rey sustituyó a Arias Navarro por Suárez al frente del Gobierno. Su política desató una tormenta en los cuarteles y en septiembre de ese año, el almirante Pita da Veiga y los generales De Santiago, Milans del Bosch, Coloma Gallegos y otros se reunieron en Játiva para pergeñar el primer intento serio de golpe que no llegó a producirse, pero creó el caldo de cultivo para futuras intentonas.
'Operación Galaxia'
El 16 de noviembre de 1978, días antes de ser aprobada la Constitución, los servicios secretos desarticularon la Operación Galaxia, con la que Tejero y capitán Sáenz de Ynestrillas pretendían dar un golpe al día siguiente, aprovechando que el Rey estaba de viaje en México. Fueron juzgados y condenados a penas mínimas de siete y seis meses de cárcel. Inexplicablemente, conservaron sus galones e incluso el segundo de ellos fue ascendido a comandante.
El ruido de sables no cesó y los sucesos se precipitaron en 1981. El 10 de enero, el general Armada se reunió en Valencia con Miláns del Bosch. Días después, Suárez dimitió y los golpistas llegaron a la convicción de que el Rey apoyaría la formación de un Gobierno de 'salvación nacional' presidido por un militar.
Tejero, que no había dejado el círculo conspirador, recibió el 16 de febrero el visto bueno de Milans para asaltar el Congreso contra el criterio de Armada, que quería esperar porque se preparaba un pronunciamiento de mayor calado para mayo, al parecer apoyado por varios capitanes generales.
"Militar, por supuesto"
"¡Ya pueden levantarse!", gritó Tejero a los parlamentarios cuando se sintió amo y señor del Congreso. Entonces, entró el capitán Jesús Muñecas, que avisó desde la tribuna de que pronto llegaría "la autoridad competente, militar por supuesto", para decidir "qué es lo que va a ocurrir". La tensión se agravó cuando Tejero hizo sacar del hemiciclo a Suárez, Gutiérrez Mellado, Felipe González, Alfonso Guerra y Agustín Rodríguez Sahagún. Casi todos creyeron que no volverían a verles.
Pero se equivocaron. El presidente pasó las horas que duró el golpe encerrado en una sala, custodiado por tres guardias. Fuera del Congreso, se reconstruyó el poder civil, mientras en La Zarzuela el Rey llamaba a los capitanes generales para transmitirles su rechazo al golpe y su apoyo a la Constitución. Eso frenó la extensión de la asonada, que triunfó sólo en Valencia, donde Milans del Bosch sacó los tanques a la calle.
Don Juan Carlos esperó en su residencia durante horas la llegada de unas cámaras de TVE, en cuyos estudios también habían irrumpido los militares. A la una de la mañana difundió su mensaje de condena, decisivo para el fracaso del golpe. Minutos después, Milans ordenó la vuelta de sus tropas a los cuarteles. Tejero se rindió a las 11 de la mañana del día siguiente, mientras los guardias que le acompañaron salían del Congreso, algunos por las ventanas. Los diputados recobraron la libertad.
Interrogantes
El 23-F, uno de los momentos de mayor riesgo para la democracia española, hoy apenas es un motivo de estudio para estudiosos y curiosos. Algunos todavía se preguntan por el papel del CESID en la gestación del golpe, por la actuación del Rey y por la labor que pudieron desempeñar la CIA y la Embajada de Estados Unidos, que conoció de antemano el pronunciamiento y lo consideró, primero, un asunto interno de España, para luego, resuelta la crisis, alegrarse del triunfo de la democracia.
En vísperas del aniversario, son innumerables los libros publicados. En '23-F, La historia no contada', el periodista José Oneto concluye que Tejero acabó con la tradición golpista del Ejército español. Su golpe fue "el principio del fin de los salvadores de la patria".
Sea como fuere, los generales de hoy consideran "imposible" que aquello se repita, a pesar de recientes manifestaciones públicas como las que hizo en la última Pascua Militar el general Mena contra la reforma del estatuto catalán. "Es que si yo ordeno ahora a mis hombres salir a la calle a dar un golpe, no me obedece nadie", ironizó hace poco, en una conversación distendida, un miembro de la actual cúpula militar. Visto desde 2006, acaso el 23-F fue sólo eso, una vacuna.



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