Miércoles, 22 de febrero de 2006
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Matinales
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Los observadores de la cosa televisiva están siguiendo con atención las evoluciones de la competencia en la franja matinal. Como todo el mundo sabe, la novedad de esta temporada ha sido la pugna de Ana Rosa Quintana (Tele 5) con Inés Ballester (TVE 1), con sensible ventaja para la primera, y el hundimiento de Teresa Campos, cuyo programa ha sufrido recortes y remodelaciones que auguran un futuro poco brillante. Fue notable lo que pasó con la Campos el lunes: al programa de Teresa le mutilaron media hora y su audiencia mejoró. Después de tantos años de gloria, han llegado los tiempos del acíbar. Así es la vida. Con todo, no sería prudente desenfocar las cosas: a Antena 3 no le funciona mal solamente Teresa, sino toda la franja de mañana, desde el informativo de Montserrat Domínguez hasta que llegan, redentores, Los Simpsons.

¿Por qué pasa esto? El estudio del comportamiento del espectador es una disciplina que a veces roza las ciencias ocultas, pero hace poco pregunté a un profesional de la cosa. De entrada, hay que entender que la televisión matinal no funciona como el 'prime time', porque el público es muy distinto. ¿Quién compone el grueso del público mañanero? Mayormente, dos tipos muy concretos de espectador: tercera edad y amas de casa. El programador piensa que al primer tipo de público le interesan mucho las cuestiones de salud y, al segundo, las cuestiones de cotilleo. En el primer registro, el Saber vivir de Torreiglesias (TVE 1) es imbatible, y además es un buen programa. En el segundo, Ana Rosa se lleva la palma pese a la competencia de Inés Ballester. A Antena 3 no le han funcionado ni los programas de salud ni los de cotilleo, y por eso ha terminado recurriendo a los culebrones.

¿Por qué no funciona la competencia? Dicen que la causa es el carácter estático de ese tipo de público: el señor mayor pone la tele y ésta le hace compañía, pero no muestra la menor avidez de imágenes, el ama de casa pone la tele y empieza a trabajar en las cosas domésticas, y tampoco el zapeo entra en sus hábitos. Sobre estos dos tipos de espectador, añádanse los sectores minoritarios: jóvenes sin clases, enfermos.... El resultado es un paisaje donde la competencia cuenta bastante poco y donde prima la fidelidad a un canal: el que tienes puesto en la pantalla. En esas condiciones, variar los hábitos del espectador es doblemente difícil: no es un espectador a la búsqueda de una oferta, sino al revés. Esto es lo que sostienen los entendidos.

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