SAN SEBASTIÁN. DV. La necesidad de nuevas viviendas si se quiere mantener el número de habitantes de Donostia oscila entre las 16.500 y las 21.000, un volumen que coincide con las directrices del Gobierno Vasco y que todos los grupos políticos aceptaron, aunque el PP pidió que se llegara a 26.000. No fue así, pero sí prosperaron otras enmiendas como la del PNV, para que el 75% de las VPO de nueva construcción se destinen a alquiler, una propuesta que algunos consideran inviable desde el punto de vista económico.
«Costaría, más o menos, como toda la regeneración de Pasaia», se murmura en algunos despachos consistoriales, que aún de acuerdo con que algunos términos de la vivienda protegida deben repensarse, no ven claros los números del alquiler. «El arrendamiento debe ser la fórmula a utilizar para rentabilizar el esfuerzo institucional que se hace en esta materia», defendió Sudupe.
La apuesta por los pisos de promoción pública, aunque de distintas modalidades es fundamental en el Plan General, ya que se habla de entre un 70% y un 80% del total. Lo que sí parece es que todas ellas se edificarán en medio de un debate sobre el futuro de la VPO, la importancia de las tasadas, a las que algunos auguran difícil regulación o la búsqueda de nuevas fórmulas que atajen las controversias que se ciernen sobre este tipo de pisos, sobre todo cuando son en cesión de derecho de superficie, que en la práctica es asimilable a la venta.
El documento habla también de pisos destinados a colectivos específicos, de momento jóvenes y mayores de 65 años, disminuye el tamaño medio exigible y flexibiliza de forma notable la posibilidad de que bajos comerciales o de oficinas se conviertan en viviendas. Estas dos últimas medidas se enmarcan dentro de la idea de ganar nuevos pisos sin construir en todos los suelos, ya que, disminuir el tamaño medio, por ejemplo, permitirá la segregación de viviendas de muchos metros cuadrados.
La vega del Urumea
«La ciudad no se agota tan fácil aunque a veces lo creamos», asegura el director del Plan General, Santi Peñalba. «Si hemos llegado muy cerca del límite,», reconoce. Peñalba también asegura que los nuevos desarrollos residenciales previstos no pretenden atraer nueva población sino, sobre todo mantenerla en una sociedad como la donostiarra, en la que ha disminuido de forma sustancial el número de ocupantes de cada vivienda, una media de dos por cada piso.
La estrella de los nuevos barrios, más allá de Auditz Akular, junto a Altza, es la vega del Urumea. Riberas de Loiola, ya en marcha, el nuevo Loiola con la asignatura pendiente de los terrenos de los cuarteles, Txomin sin la hipoteca de la cárcel, los alrededores de Martutene y Antondegi, la loma entre este barrio y el industrial polígono 27 para la que, aunque sin precisar, se apunta la posibilidad de 4.000 nuevas viviendas combinadas con actividades económicas de bata blanca, compatibles con el desarrollo residencial.
Otra de las cuestiones por las que se ha optado, a diferencia de barrios que se hicieron al amparo del Plan General de 1995, es una mayor densificación de las zonas, de forma que se ocupe menos suelo. No se trata de hacer torres, se advierte, pero sí de aprovechar mejor el terreno disponible.
Quedan recogidos también los desarrollos urbanísticos que la Corporación prevé para el entorno del Hipódromo, en Zubieta y, vía enmienda, se considera también la opción de negociar los terrenos del cuartel de la Guardia Civil en Intxaurrondo para construir 300 viviendas.