Miércoles, 22 de febrero de 2006
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SAN SEBASTIÁN
TRIBUNA LIBRE
La basura en Donostialdea
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Hace tiempo que la sombra del grave problema que supone la gestión de los residuos que los donostiarras y habitantes de nuestro área funcional cercana generan viene suponiendo un elemento de agria disputa política, en algo que, a mi entender, se debiera gestionar con el máximo consenso, participación y transparencia.

El actual vertedero de San Marcos, gestionado por la Mancomunidad de municipios que lleva el mismo nombre, da servicio a una población cercana a los 300.000 habitantes, entre los que los donostiarras suponemos alrededor del 60%.

Sin embargo este sistema de depósito indiscriminado de basura en vertederos, en nuestro caso particular está circulando hace tiempo ya por una vía muerta, y por el momento sin visos de ser encarrilada hacia una solución definitiva. Por un lado, el citado vertedero se encuentra al límite de sus capacidades cuantitativas, amén de lo que supone seguir manteniendo abierta una instalación de tales características, que obviamente no ayuda en la gestión discriminada de la basura, esto es, en el tratamiento diferenciado de diferentes materiales para su reciclaje y posterior reutilización. Además, la legalidad europea, con las directrices de esta materia bien concretadas, nos pisa los talones ya, pues prevé que para fines de este año los vertederos como el nuestro de San Marcos, vayan cerrando su ciclo vital para dar paso a otro tipo de gestión más acorde con el respeto al medio que ha de imponerse dado el grado de consumo de material desechable que nuestras sociedades generan.

El Plan Integral de Gestión de Residuos Sólidos Urbanos de Gipuzkoa apuntaba ya a principios del 2003 en esta dirección, proponiendo una serie de alternativas como el reciclaje/compostaje de un 45% del total de la basura y la incineración del resto en una planta de valorización energética. Y es este punto el que más polémica ha generado en nuestro municipio en los últimos tiempos. Resulta triste que el debate político se encendiese una vez aprobado el citado documento con amplio consenso de todos los partidos representativos de Donostialdea. Así, volviendo atrás sobre pasos ya dados, seguimos avanzando en la vía muerta sin darnos cuenta que su final está cada vez más próximo.

Resulta evidente que gran parte de la población es contraria al sistema de incineración de la basura y que lo contempla como un peligro para la salud pública y que, más concretamente, aunque una vez apoyado en su proceso inicial, el alcalde de Donostia la rechaza en una actitud un tanto beligerante.

La agria polémica política de los últimos meses ha dejado paso a un silencio donde las partes que se enzarzaron en la misma están en un compás de espera para ver quién lanza la primera piedra. Esta actitud no resulta en absoluto responsable, y urge ponernos en marcha para recuperar un consenso en base a las líneas generales de un problema tan grave, que como digo, nos pisa ya los talones cada vez más, según van transcurriendo los meses. Ha de aclararse si es posible un mayor porcentaje de reciclaje con un mayor esfuerzo institucional que, por cierto, no debiera dirigirse únicamente a los ciudadanos, sino también a las empresas que generan tanto y tanto residuo en sus productos, como innumerables cartones y plásticos de escasa utilidad para el producto que nos venden, y si es posible, por tanto, reducir más la basura que generamos.Y habrá que aclararse, cuanto antes también, si existe alternativa real a la incineración, que creo que a nadie nos parece magnífica y que evidentemente no es la panacea, pero quizás sí un mal que no podamos evitar si no estamos, como parece, dispuestos a reducir drásticamente nuestra producción de residuos.

No olvidemos que es nuestra responsabilidad pública, acabar con el depósito simple y llano de la basura en vertederos como el de San Marcos, que además de ser el peor de los sistemas de gestión de residuos, pronto se encontrará fuera de la legalidad europea. Mientras tanto, los vecinos de Altza, Antxo y Errenteria siguen padeciéndolo en primera persona.

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