IRÚN. DV. ¿Quién no recuerda aquellos episodios de Érase una vez... en la que de forma didáctica -y muy entretenida, por cierto-, se nos explicaba cómo funciona el cuerpo humano? El aprendizaje de esta forma era mucho más divertido que cuando los profesores repartían los apuntes por escrito.
En esta ocasión, no se trataba de conocer al ser humano y tampoco había audiovisuales de por medio, pero aprender cómo se alimentan, procrean y en definitiva, viven los salmones fue todo un descubrimiento para los cuarenta y tres chavales del colegio Dunboa que fueron de excursión a la piscifactoría que hay en Irún.
Hacia las 11.20 una multitud de niños llegaba a pie a la piscifactoría para conocer de cerca cómo se desenvuelven estos peces desde que nacen hasta que son llevados al río Urumea. Tras dividirse en varios grupos, los alumnos siguieron a Aitor Aizpiolea, miembro de la Asociación de Cazadores y Pescadores del Bidasoa, para atender las explicaciones que éste les iba dando.
Difícil supervivencia
«¿Son tiburones y, además, vienen del Pacífico!», exclamaba uno de los chavales. Pero no, Aizpiolea explicaba a los alumnos que lo que estaban viendo en ese instante eran «salmones. Tienen tres años, los hemos recuperado para desovarlos y ahora los estamos alimentando. Generalmente, después de poner los huevos, los salmones se dejan llevar por la corriente hasta llegar al mar para alimentarse, pero son muy pocos los que consiguen hacerlo».
En otra de las piletas se encontraban los esguines o salmones de un año de edad. «¿Por qué el estanque está pintado con manchas granates y marrones?», preguntaba una alumna. «Los salmones, al igual que los camaleones, mimetizan los colores. Antes, las piletas eran blancas, los esguines crecían teniendo un color muy claro y, por eso, se convertían en presa fácil para los peces más grandes. Ahora, adoptan un color más oscuro y es más fácil que pasen desapercibidos entre las rocas», indicaba Aitor Aizpiolea.
Los esguines que ayer nadaban en las piletas serán proximamente liberados en el Urumea, «porque son peces de la Diputación de Gipuzkoa. Los salmones del río Bidasoa son liberados en Mugaire», decía Aizpiolea.
Ochenta días
La última parada de la visita tenía lugar en los estanques donde se encontraban unos 75.000 huevos de salmón. «Necesitan alcanzar los 400 grados antes de salir. Si la temperatura del agua es de aproximadamente 5 grados cada día, necesitarán ochenta días hasta salir de sus huevos», les explicaba Juan Iturrioz, vicepresidente de la Asociación de Cazadores y Pescadores.
Los alumnos atendían sorprendidos las instrucciones que tanto Aizpiolea como Iturrioz les iban dando. «Los peces crecen mucho en muy poco tiempo, hay salmones de un año que son muy pequeñitos y luego, cuando ya son adultos, se hacen muy grandes», decía Álvaro un estudiante de quinto.
Con la lección aprendida y después de tomarse el almuerzo que les dieron en la piscifactoría, los 43 alumnos de Dunboa emprendieron su viaje de regreso al colegio para seguir trabajando con sus respectivas tareas escolares.