Lo mejor es enemigo de lo bueno. La alta velocidad hará de los trenes el medio del futuro, pero hasta que llegue, ¿hay que conformarse con la baja velocidad? Las conexiones ferroviarias de Gipuzkoa con el resto de la península son la gran vergüenza del siglo XXI. Ir a Madrid en Talgo cuesta hoy más que hace veinte años. Viajar a Barcelona en tren exige más del doble del tiempo que hacerlo en coche. Los trenes son lentos, sucios, incómodos y, además, se averían frecuentemente.
Entre la quimera de la alta velocidad y el triste presente de la nula velocidad hay un camino intermedio: mejorar lo que ya hay. Se hizo en Pamplona hace dos años y ahora, al fin, se anuncia para San Sebastián. De Donostia a Madrid en cinco horas y cuarto. Con eso nos conformamos los amantes del tren. Ya se puede decir: aita, ven en tren.