Culturalmente afrancesado y existencialmente africano, Irie Lèon se muestra orgulloso de todo lo que ha vivido, de los países que ha conocido, de los idiomas que ha hablado, de los colores de su tierra, de la paz que ya parece menos lejana. De Los Elefantes, la selección nacional de fútbol que por dos penalties, sólo dos, perdió la Copa de África ante los Faraones de Egipto. Pero estará en el Mundial de Alemania.
- Impresionante la fuerza, la estética, del fútbol africano.
- Cierto. Europa se enteró tarde, cuando Camerún arrolló en aquel Mundial, pero África es el futuro del fútbol. ¿Irás a Valladolid? En marzo se enfrentan las selecciones de mi país y de España.
- ¿Por ver a Drogba, el gran delantero del Chelsea, o a Bakari Koné en acción? Por supuesto. Y, francamente, por conseguir una camiseta naranja. Me encantan los colores de los equipos africanos. Ay ese verde de Camerún...
- Siempre colores que estallen sobre nuestra piel negra, que combinen con el sol y con el barro de nuestras casas, con la tierra amarilla. Fue una de las cosas que más me chocaron al llegar a Europa: su color apagado. Tan distinto al de las telas con las que se visten las mujeres africanas, todo luz y resplandor.
- ¿Y usted? ¿Irá a Valladolid?
- No. Trabajo.
- ¿Qué hace un muchacho de Costa de Marfil en la barra de un pub a la irlandesa, el Molly Malone?
- Simplemente: al revés de la mayoría de los muchachos marfileños, yo elegí la cocina en vez de el fútbol. Ante el susto de mi madre que no entendía nada.
- ¿Ella no quería un hijo chef?
- ¿No! Para nada. En mi país los hombres no entran en la cocina. Mi madre no hacía más que decirme vete a jugar al fútbol. ¿Ya! Y yo no dejaba de enredar entre platos. A decir verdad, la culpa fue de mi tía.
- ¿Qué hizo pues su tía?
- Viví tres años con ella. Íbamos juntos al mercado. Era una gran cocinera. Me hacía ayudarla cuando preparaba la comida: córtame la zahanoria, rehoga los pimientos... Me empezó a gustar. A gustar mucho. A los 16 años me marché a Francia. A la Escuela Profesional de Chamonix. En los Alpes. Estudié Hostelería. Tanto cocina como barra y mesas.
- Prepárenos sobre el papel un plato marfileño.
- Algo con arroz, por supuesto.
- ¿Por qué 'por supuesto'?
- Para nosotros el arroz es fundamental. Es nuestro pan. Acompaña todas nuestras comidas. Hay varias gastronomías en Costa de Marfil. La de la costa es muy afrancesada, porque fue por el mar por donde entraron los franceses. La costa es de pescado. El interior es África pura. Dándole mucho juego a las frutas, cocinando el plátano. Hay zonas con gran influencia islámica que llega de los pueblos del Shael: Mucha especie, sabores fuertes. En fin, yo os prepararía un arroz rojo, también muy de Senegal: pescado frito, verduritas, patatas, ajo...
- ¿Y qué bebemos?
- En mi país se come con agua.
- ¿No vino como aquí o zumos como en Latinoamérica?
- Vino no hay. La uva no prende en África. Los zumos, sólo cuando tenemos sed. Existe una bebida de altísima graduación alcohólica, algo parecido a una sidra de palma fermentada: Yasaa.
- El nombre de su país es tan hermoso... Costa de Marfil.
- Sugerente, ¿verdad? Somos costa y teníamos marfil, mucho marfil. Había elefantes. Ahora quedan tan pocos... Hemos sido un país rico, cómodo. Recibíamos mucha emigración. De Burkina Faso, Mali, Zaire. Luego, la guerra empezó.
- ¿Guerra tribal? ¿Gobiernos corruptos?
- Corrupción la hubo. Porque durante mucho tiempo se hizo dinero en mi país. Pero la guerra estalla más bien porque los hijos de aquellos emigrantes, hijos nacidos ya en este país exigen ser marfileños, buscan su sitio en Costa de Marfil.
- Se diría el mismo problema que asola a la metrópoli, a París y a toda Francia, con los jóvenes de origen norteafricano.
- Exacto. También hay disputas entre quienes ansían ser completamente libres y quienes desean el apoyo de Francia porque, ¿para qué quieres que te suelten de la mano si no tienes o no sabes a dónde ir? Hay conversaciones de paz y mientras tanto, se cita más a Costa de Marfil por Los Elefantes, por el fútbol, que por la guerra. Me alegro.
- Allá usted habla en...
- Con los míos, en guru, una de las 70 lenguas de las 70 etnias marfileñas. Para entendernos entre todos usamos el francés.