Parecen cubanas pero, sobre todo, parecen decididamente cabreadas. Pegando la oreja, se les puede entender algo así como esto: «Chica, no lo aguanto más. Desde que me despierto, me lleno hasta arriba de jerseis pero no me saco el frío del cuerpo en todo el p... día».
Son dos jóvenes hermosas y enfurruñadas a la entrada del centro comercial Garbera. Entre tacos, giros y lamentos, hablan de lo desabrido de nuestra climatología, de los catarros casi como estilo de vida. Hablan con cabreo, con enfado de tormenta tropical, con el mal cuerpo que tiene que dar cambiar la calidez caribeña por esto.