VITORIA. DV. El de ayer fue uno de esos plenos de guante blanco pero cargado de tensión política que evidenció, una vez más, la sima que separa al PP de los nacionalistas en materia de autogobierno y el divorcio entre los constitucionalistas sobre la mejor estrategia contra ETA. La Cámara vasca acabó defendiendo una paz «sin vencedores ni vencidos», lo que dio pie a los populares para acusar al PSE-EE de permitir con su abstención el refrendo a un texto que a su juicio equipara las víctimas con los verdugos. Una semana más, Juan José Ibarretxe y María San Gil cerraron la sesión plenaria con una nueva polémica, esta vez sobre las víctimas.
Una moción del PP a favor de «la derrota incondicional de la banda terrorista ETA como garantía de una sociedad vasca normalizada, libre y en paz» acabó siendo enmendada por PNV, EB y Aralar hasta convertirla en un texto sobre la necesidad de que el Gobierno Vasco trabaje «por la solución dialogada de la situación de conflicto y violencia de nuestro país, así como para reconocer y reparar todo el sufrimiento que se ha derivado de esta situación, y ser un agente activo de la reconciliación que nos permita poner las bases para una paz sin vencedores ni vencidos».
A partir de ahí la polémica estuvo servida. EA tuvo que justificar su llamativa abstención por medio de su secretario general, Unai Ziarreta, quien restó importancia al desmarque y aseguró que «nos abstenemos porque no es nuestra iniciativa. No tiene relevancia política puesto que estamos de acuerdo, igual que podríamos estar de acuerdo con la enmienda del PSE». EA coincidió con el portavoz del PNV, Joseba Egibar, en advertir al presidente Zapatero de que si quiere dar una solución definitiva al «conflicto vasco» debe reconocer el derecho de autodeterminación.
Los socialistas justificaron su abstención con el argumento de que la propuesta del PP era un intento claro de cuestionar la política antiterrorista del Gobierno de Zapatero. En su lugar defendió sin éxito una enmienda de totalidad que recoge los principios esenciales de la moción del Congreso de los Diputados que abre la puerta al diálogo con ETA en el caso de que la organización terrorista muestre una voluntad inequívoca de dejar las armas.
Choque de trenes
El encontronazo con el Partido Popular estuvo servido. Leopoldo Barreda acusó a los socialistas de buscar la negociación con ETA en lugar de su derrota y estar dispuestos a pagar un precio político por el fin del terrorismo. Puso como ejemplo de ello el fin del pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y el cese del fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Eduardo Fungairiño, no sin antes asegurar que son los primeros pagos a ETA. La respuesta no se hizo esperar. El portavoz socialista, José Antonio Pastor, replicó con el dato de 212 presuntos terroristas detenidos y ninguna víctima mortal bajo el mandato de Zapatero.
Ya en el turno de interpelaciones, el PP censuró al lehendakari por haber recibido a Arnaldo Otegi en enero, a lo que éste replicó que Batasuna es un interlocutor válido. María San Gil reaccionó entregándole una lista con las 857 víctimas mortales de ETA «para que no se olvide de ellas», a lo que Ibarretxe le contestó irónicamente que «me imagino que es la misma lista que presentó Aznar cuando se sentó con ETA en Zurich».
El lehendakari achacó en otro punto al PP el utilizar a los empresarios riojanos para poner en cuestión el Concierto Económico ante las instituciones europeas. Una semana más, los populares pidieron la dimisión del consejero de Interior, Javier Balza (PNV), esta vez por «permitir» a Batasuna celebrar un mitin en el Bilbao Exhibition Centre para «burlar» su ilegalización.