Viernes, 17 de febrero de 2006
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OPINIÓN
Cartas
Agradecimiento y algo más a Pello Salaburu
Sí, de verdad: agradecimiento. El mayor desprecio que se le puede hacer a uno es el de ignorarlo. Salaburu ha considerado conveniente dar una «respuesta» a mi escrito del 3 del actual. Gracias, Pello. En segundo lugar, gracias por haberme corregido un dato erróneo mío: Pilar no recibió indemnización de parte de Eusko Jaurlaritza. En las informaciones recibidas de vez en cuando suceden lapsus involuntarios. Gracias, Pello, por informarme. En tercer lugar, he leído por tercera vez el escrito del Pello del 2 de febrero. Esa lectura me ha reafirmado en todo lo que escribí en el mío, salvo el dato citado más arriba.

En cuarto lugar, el escrito de Pello del 7 del presente: Carta a Dionisio Amundarain. He percibido en él un cierto nerviosismo. Una cierta inseguridad consigo mismo. Lo siento. Porque ese estado de ánimo es bastante mal consejero.

Me refiero al escrito primero de Pello. Basta una somera lectura para percatarse que el tema central, el tema eje, el tema abraza-todo se refiere a la reinserción del «verdugo», a la sociedad que apoya el derecho del ex preso a rehacer su vida.

Son muy llamativas sus expresiones: necesidad, por encima de lo legal, de la educación y de la decencia del excarcelado, de la generosidad de la sociedad para con el «verdugo», de la necesidad de mostrar públicamente arrepentimiento: «sólo la petición pública de perdón le pondría en camino de cancelar su deuda con las víctimas», debe «procurar confundirse con el terreno», es decir, «debe desaparecer en el anonimato»...

Es a ese tema central al que me referí en el mío. Salaburu hubiera preferido que hubiese reflexionado yo sobre otro tema. Está en su pleno derecho. Por mi parte, quería responder al escrito suyo y en él me encontré con el tema citado, que no era tratado, a mi parecer, correctamente. ¿Qué hubiera yo podido reflexionar sobre otro tema? En ese caso, no hubiera titulado yo el mío tal cual lo hice. No se hubiera referido al escrito de Pello.

Para terminar, una corta reflexión sobre el arrepentimiento exigido por Pello a los excarcelados. Naturalmente, podría haberme yo dirigido a muchos otros escritos que se han expresado de forma parecida. Si me he dirigido a Pello ha sido por más cercanía con él. Porque creía que él habría comprendido y aceptado mi reflexión. Pues, bien, arrepentimiento. Juzgo que se están mezclando ámbitos diversos: una cosa es, creo yo, el arrepentimiento considerado en el ámbito religioso y otra muy diferente el arrepentimiento exigible en el ámbito civil. Lo mismo que no son una misma cosa la ley religiosa y la ley civil. Incluso dentro de las leyes eclesiásticas se nos quedó grabado aquello de de internis neque ecclesia (en el fuero interno ni la iglesia). De todas formas, no me imagino a ningún excarcelado, cual un segundo Teodosio de Goñi, ciñéndose una gruesa cadena y paciendo hierba y haciendo penitencia por los montes de Aralar.



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