El Pamesa llegaba herido a la Copa. Había perdido cuatro partidos casi seguidos pero ayer apenas tuvo rival en el Akasvayu. Ahora aguarda en una inesperada semifinal al Unicaja, que volvió a demostrar que es uno de los grandes favoritos al título. Pero esto es la Copa. Es bueno encontrarse fuertes antes de llegar, aunque lo importante no es lo que ya ha pasado. Lo que cuenta está aquí. Aquí todos tienen cuarenta minutos para reescribir la historia y el Pamesa no desperdició ni uno.
En el primer cuarto vimos a Miralles poner un tapón a Dueñas sin necesidad de subirse a una escalera. En el segundo abrió el primer hueco importante, aunque Girona se recuperó. En el tercero sólo hubo un equipo. Y en el cuarto, el Pamesa inseguro de la Liga jugó a la perfección.
Fuerte atrás, sensato arriba y sin dar por perdido ningún balón por caro que fuera. Por eso ganó el Pamesa, por eso sacó de quicio al Akasvayu. El dinero es una fuente de ilusión, pero se necesita tiempo. Y el Akasvayu ganador de la Liga fue un equipo mediocre en la Copa. Encima Fran Vázquez fue un alma en pena. Le estaban viendo técnicos de Orlando. A lo mejor al gallego le cuesta parte de su futuro en la NBA la tarde vacía de ayer.
Era el primer partido y estalló la sorpresa. Hoy les toca al Tau Vitoria y al Barcelona confirmar el pronóstico. Harán bien en no fiarse del Joventut, los alaveses, ni del Real Madrid los catalanes. Esto es la Copa, aquí todo es posible. Las sorpresas están a la orden del día. Por eso la Copa es diferente.