Tiene tono documental y está filmada en un prodigioso blanco y negro. Pero es brillante, eficaz, vertiginosa. Buenas noches y buena suerte, la película dirigida por George Clooney, es una denuncia de la «caza de brujas» que protagonizó el senador republicano Joseph McCarthy en el Estados Unidos de la década de los años 50 en nombre de su cruzada «anticomunista». Clooney cuenta la historia del periodista Edward R. Murrow y los reportajes que su programa de televisión en la CBS, See It Now (Véalo ahora), dedicó a desenmascar las oscuras maniobras del senador.
La película se estrena hoy en San Sebastián arropada por una carrera de premios y seis candidaturas a los Oscar, incluidos las opciones a mejor película, mejor director, mejor actor, mejor guión, mejor fotografía y mejor dirección artística. Y el filme confirma las dotes de Clooney como director en su segundo título como realizador tras Confesiones de una mente peligrosa, cinta que ya cosechó excelentes críticas aunque su carrera comercial no fuera tan poderosa.
El padre de George Clooney fue periodista y presentador de televisión. Quizás por eso el director retrata de manera tan fiel el ambiente de una redacción. En el denso género de «películas sobre periodistas», que ha dado obras maestras al séptimo cine, Buenas noches y buena suerte tiene ya un hueco propio. Pero el filme no sólo recrea el mundo de una cadena de televisión desde dentro: resalta sobre todo la capacidad del medio para comprometerse y denunciar situaciones injustas. Y utiliza para ello imágenes reales de las comparencias en el Senado del propio McCarthy y sus testigos.
La película se cierra con un alegato final en el que se destaca el poder de los medios de comunicación, y especialmente de la televisión, para reflejar los problemas reales de la sociedad de su tiempo. La televisión no es sólo luces y concursos, viene a decir el filme: también periodismo. Aunque algunos parecen haberle olvidado.
Es un filme contenido, más de palabras que de acción, pero redondo. Los actores son extraordinarios, de David Strathairn a Robert Downey JR pasando por el propio Clooney como secundario, y la banda sonora, con el jazz cantado por Dianne Reeves, envuelve una cinta con sabor propio.