SANTIAGO AIZARNA
Lo titula América, y aporta razones en el prólogo para haber optado por esta licencia. «Cuando, durante una primavera y un verano, releí el grueso de mi obra, un tema resultó predominante: no había duda de que casi toda mi obra versaba sobre Estados Unidos». Habrá que añadir una cita más para que los que tengan una visión distinta de América de lo que aquí se presenta, no se llamen a engaño: «Mi América es tan real como casi todas las otras Américas que los lectores y los escritores del mundo entero se han forjado». Como es de prever ante cualquier escritor de perfil acuñado, estamos ante el subjetivismo, mucho más cuando se trata de Norman Mailer, de tan acendrada individualidad. De esta condición suya parten distintas ramificaciones, algunas de las cuales interesarán más al americano o no nos interesará mucho a los que no lo somos. Aún hay otra advertencia más a hacer, derivada de señalar lo que ha sido su propósito a la hora de elegir los textos que conforman el libro, y que, también queda expuesto cuando nos cuenta el diálogo mantenido con su editor en la última parte del libro, destinada a Agradecimientos y encomios: «No quiero una antología -declaré-. Me gustaría que el libro ofreciera una pista de la historia social y cultural de los últimos cincuenta años». Si ha sido así o no, habrá lectores que lo afirmen o lo nieguen, y, sin duda, muchos que pasarán de ciertos textos para buscar con ansia de fruición, sin duda, otros.
Comienza la obra con una crónica anecdótica del encuentro boxístico protagonizado por Hemingway y narrado por Scott Fitzgerald en las páginas del Herald Tribune y que le permite a Mailer ofrecernos una especie de perfil cualitativo de cobardía o valentía de Hemingway ante la vida, un breve artículo que estimula al lector a proseguir en la lectura. Viene, a continuación, otro texto en el que nos podemos encontrar con un Somerset Maugham presente-ausente en el homenaje que la revista The Advocate trató de ofrecerle en 1942. Se cierracon un texto célebre de Mailer sobre la filosofía 'hip'.
Vienen luego tres partes -Los papeles presidenciales (1963), Miami y el sitio de Chicago (1968), Cuatro años más, y Watergate, cuyo interés puede ser nulo para quien no sienta curiosidad por el modo como se configura la política americana. Y, a continuación, nos encontramos con el más impactante texto: El combate del siglo, entre Alí y Foreman, una crónica que revela a las claras la razón de por qué -aparte de su importante obra literaria en general de gran calado- goza Mailer. Una última parte, Piezas breves, de interés y factura graduable, cierra el libro, que, pese a alternancias varias, entretiene y satisface al lector.