Arco ha cumplido en esta edición 25 años y nos ha demostrado que como acontecimiento social es un evento que goza de muy buena salud. Gracias al apoyo institucional que ha recibido durante su trayectoria, Arco se ha convertido en el principal punto de referencia en el mercado actual del arte contemporáneo español y, por tanto, en una cita ineludible para saber cual es el estado de salud de las disciplinas artísticas tanto desde el punto de vista económico como desde la perspectiva social y mediática.
Propuestas maduras
En esta edición Arco ha demostrado que es una feria asentada, por un lado, con un grupo de galerías que van tomando posiciones con su presencia anual y, por otro lado, con un programa paralelo de actividades artísticas que después de algunas ediciones anteriores dubitativas, este año parecen asentarse definitivamente en la programación. Así, en Project Rooms se han podido ver entre las propuestas elaboradas por una selección de artistas expresamente para un espacio determinado, obras muy interesantes aunque la mayoría ya vistas en otros espacios expositivos. En cuanto a la sección theblackbox@arco, dedicado a las nuevas tecnologías y medios de expresión de carácter experimental centrados fundamentalmente en el arte digital, también hemos podido ver trabajos interesantes aunque, quizás, teniendo en cuenta la sección en el que están expuestos, poco atrevidos; lo mismo ha ocurrido en On Youthculture, que es el espacio dedicado al arte joven. Finalmente, el programa Cityscapes, la actividad más numerosa en cuanto a los comisarios, las galerías y los artistas que en esta edición han participado y que sustituye al espacio denominado en las últimas ediciones Nuevos territorios y con anterioridad Cutting Edge, también nos ha ofrecido un programa conservador y uniforme.
Y es que si tuviéramos que definir la edición de Arco de este año con dos palabras éstas serían eclecticismo y uniformidad. Uniformidad porque a través de los pasillos de la feria se ha conseguido que el espectador tenga la misma sensación que se tiene en un centro comercial: nada se distingue de lo de al lado y todo parece estar sospechosamente bien avenido, independientemente de la procedencia de cada galería, cada artista o cada obra. En cuanto al eclecticismo, aunque este año ha irrumpido con fuerza el dibujo como medio de expresión y ha destacado la fotografía como fuente de inspiración, han vuelto a ser la pintura y la fotografía los dos soportes artísticos con una mayor presencia en detrimento de la escultura, el vídeo y la instalación, aunque estas dos últimas disciplinas han recuperado terreno tanto cuantitativamente como cualitativamente respecto a las anteriores ediciones. Pero en el caso de la pintura no debemos pensar que asistimos a un renacimiento de la misma tal y como se concebía hace sólo dos décadas, sino a una nueva mirada híbrida, ecléctica, contaminada positivamente por los nuevos medios de comunicación visual -el cine, cómic, la publicidad y, por supuesto, la fotografía- aunque también con una vertiente negativa en cuanto a su capacidad de sugestión.
Arte vasco
La presencia de arte vasco durante esta edición ha sido muy similar a la de anteriores citas. En cuanto a lo más destacable, subrayar la importante presencia vasca tanto en la sección Project rooms -con trabajos de Itziar Okariz, Txomin Badiola, Abigail Lazkoz, Leopoldo Ferrán y Agustina Otero- como en el espacio titulado 16 proyectos -en el que se han incluido obras de Sergio Prego y Manu Muniategiandikoetxea- seleccionadas por María del Corral para celebrar los 25 años de Arco y el adiós de su directora durante los últimos 20 años, Rosina Gómez Baeza, cargo que, por cierto, ha tomado la donostiarra Lourdes Fernández desde la finalización de esta última edición. En el lado negativo hay que lamentar la ausencia de la Galería Altxerri en la feria, ya que visto el nivel medio de lo presentado y comparándolo con la programación y el trabajo que desarrolla la galería donostiarra, es difícil de entender que exista alguna razón realmente objetiva que pueda justificar su exclusión.
En cuanto al resto de las galerías vascas, la presencia ha sido muy similar a la de los últimos años, con un grupo de artistas muy parecido al de anteriores ediciones, aunque la huella de los artistas vascos en el espacio de Ifema también ha podido verse en otras galerías estatales e internacionales. Y en general, para bien y para mal, esta presencia tanto de galerías como de artistas, no ha distado mucho del ambiente general de la feria, en teoría dedicada al mercado del arte pero que en la práctica continúa intervenido y determinado por la presencia institucional. Por tanto, de momento, nos quedamos con el acontecimiento social y mediático.