Jueves, 16 de febrero de 2006
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POLÍTICA
ANÁLISIS
Reprimenda catalana a Rajoy
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Rajoy ha encajado las críticas de la derecha empresarial catalana con mandíbula de hierro y sin que en ningún momento pareciera 'tocado', como el boxeador que se duele al castigo. Normalmente, los estamentos sociales con cierta influencia política advierten de sus discrepancias a los gobiernos con discreción, sin censuras frontales. En Barcelona, sin embargo, varios miembros del Círculo Ecuestre, el de más rango tradicional, han expuesto al líder popular sus inquietudes por la estrategia de crispación que estaría desarrollando el PP, tanto en el asunto del Estatut como en la posible fractura que el debate político podría crear entre Cataluña y España.

El empresario Guardans se mostró el martes hondamente preocupado por esa posible fractura, ya que -dijo- el Estatut pasará, y los políticos que están en el poder o la oposición pasarán también, «pero las fracturas entre pueblos, fracturas históricas, esas tardan más tiempo». «Eso sí nos preocupa». Y el presidente de las Cámaras de Comercio, Luis Vals, afirmó ante Rajoy que «desde esta corporación siempre hemos dicho que la economía necesita estabilidad, poca crispación, consenso y acuerdo entre todos partidos».

También ha oído Rajoy una interpretación electoralista de su estrategia de ofensiva todoterreno, cuando un empresario de acreditada solvencia profesional le dijo: «Entiendo que la posición de su partido actualmente le puede reportar votos, y realmente las encuestas lo reflejan, pero nosotros nos preguntamos: ¿Podemos vivir los dos años que quedan de legislatura en este estado de crispación?».

Ha sido valiente Rajoy al exponerse a pecho descubierto ante la plana mayor del empresariado catalán, intuyendo que podría ser reprendido muy seriamente. Pero el líder del PP no parece haber interpretado las críticas recibidas como el anuncio oficial de que los empresarios catalanes se han situado, si no en la antípodas, sí muy lejos de la estrategia popular; Rajoy ha acusado recibo de esas críticas como si fueran amistosos o paternales reproches, a los que respondió con imperceptible propósito de enmienda.

«Había cosas que podíamos haber hecho de otra manera, intentaré cuidar lo que puedo cuidar, las formas», pero «el fondo del asunto no me va a ser fácil». Dicho de otra manera, el PP va a seguir como hasta ahora porque, según su férrea tesis, a las convicciones no se puede renunciar. Y el martes afirmaban todos los portavoces populares, aunque se oyó el silencio inopinado de Acebes y Zaplana, que la línea política del partido no se va a modificar. Y para la contabilidad del PP, un nuevo apunte: ya han recogido un millón y medio de firmas para la celebración de un referéndum en toda España sobre el Estatut.

Quien más debió disfrutar en Barcelona de las críticas que recibía Rajoy del estamento conservador/liberal de Cataluña tal vez fuera Piqué, apóstol de la moderación y del compromiso allí donde sea posible. Pero la disciplina popular no sólo prohíbe disidencias, sino que propugna la fulminante expulsión de quien lo critica públicamente, por lo que el tercer teniente de alcalde de Lloret de Mar y portavoz del PP ha sido expulsado, tras haber dicho que la recogida de firmas le parecía ridícula, y que Zaplana y Acebes, «que tanto daño nos hacen», deberían irse a su casa. La división disciplinaria de Génova 13 ha fulminado a su hombre en Lloret.



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