URDAX. DV. «Lo que queremos es trabajar y el beneficio de la gente de Urdax». La familia Martikorena se expresó con esa rotundidad ante el delegado del Gobierno en Navarra, Vicente Ripa, que ayer se trasladó a Urdax y mantuvo una emocionada conversación con los hijos del recientemente fallecido Peio Martikorena, propietario de la discoteca La Nuba ubicada en el centro Landibar de Dantxarinea, donde ETA hizo estallar el martes una furgoneta bomba.
El centro Landibar, abierto hace cinco años por el empresario beratarra, se encuentra ubicada en el kilómetro 79 de la carretera N-121-B a su paso por Urdax, a escasos metros de la frontera con Francia. Las primeras luces del día dejaron ayer al descubierto los cuantiosos daños causados por la bomba de ETA en el centro comercial, donde se integra la Venta Peio que posee otro edificio en el mismo Dantxarinea.
La explosión destrozó por completo la fachada trasera del complejo comercial compuesto por tres plantas destinadas a negocios de hostelería, tiendas y establecimientos de ocio, muy frecuentados por ciudadanos franceses. Las paredes exteriores de la fachada trasera del edificio, de unos 2.000 metros cuadrados, eran ayer apenas unos amasijos de hierros y cristales desperdigados por el párking trasero.
A escasos treinta metros de la Venta Peio, se encuentra uno de los caseríos que resultaron afectados por la deflagración. «Nos han roto cristales, tenemos grietas en las paredes y todavía tenemos que dar gracias porque no haya estallado un depósito de gas propano del centro Landibar que está ubicado junto a nuestra casa», apuntaba ayer uno de los vecinos. Recordaba que tuvieron que salir de casa en cuestión de segundos. «No nos dejaron ni cerrar las persianas». Los propietarios de este caserío, que vendieron hace años a Peio Martikorena los terrenos donde se encuentra actualmente el centro Landibar, aseguraban ayer que «no hay derecho a que hagan esto», al tiempo que recordaban a Peio como «un hombre muy trabajador».
Reconstrucción
El centro Landibar tardará tiempo en recuperarse, aunque la familia Martikorena se disponía ayer mismo a dar los primeros pasos para iniciar los trabajos de reconstrucción. Los Martikorena, afectados todavía por el reciente fallecimiento de su padre, expresaron su «firme voluntad» de reparar los daños y volver al trabajo «cuanto antes».
La inquietud y malestar era también palpable entre muchos de los empleados -en Landibar trabajan más de 70 personas- que ayer contemplaban estupefactos las consecuencias del atentado en su lugar de trabajo. Confesaron desconocer lo que va a pasar con sus empleos. Asun, una joven camarera de Etxalar, trabajaba el martes por la tarde en uno de los restaurantes de la venta cuando un encargado les instó a abandonar el lugar de forma precipitada. «Nos dijo: 'Salir corriendo de aquí, iros todos a casa'. Y así lo hicimos, sin saber qué estaba pasando ni cómo reaccionar. Cuando estábamos ya lejos de Dantxarinea pudimos saber que había estallado una bomba». Después de pasar la noche sin poder conciliar el sueño, ayer por la mañana, aseguraba que «no tienen derecho a hacer lo que han hecho, nos han dado de lleno a todos. Es nuestra vida, nosotros vivimos de las ventas y es que no han atentado sólo contra el empresario, nos han dado a todos».
Enfadada, reflexionaba que es algo que «no te lo puedes ni creer. Siempre lo oyes fuera y hoy nos ha tocado en casa». «Después de la muerte de Peio, encima es lo que nos faltaba», se lamentaba.
El alcalde de Urdax, el independiente Andrés Diharassarry, explicó ayer que «Peio solía dar dinero a las ikastolas, el Olentzero había empezado con él, hacíamos también un día cultural donde el ponía las bebidas, de las buenas, y hasta los puros». Explicó que «la familia es tan humilde que no dice nada, la mujer está desecha, y la hija lo único que me ha dicho es que menos mal que su padre no ha visto esto».
El consejero navarro de Interior, Javier Caballero, también acudió a Urdax a mostrar su solidaridad a la familia. «Las circunstancias personales por el reciente fallecimiento hacen que lo ocurrido sea especialmente doloroso y cruel», afirmó.