- Los críticos hablan del «barroquismo» de su obra.
- ¿Cada vez escribo más sencillo! La literatura se hace a través de eso que llamamos lenguaje. Y uno puede seguir los códigos restrictivos de la agencia Efe o utilizar todos los recursos, como Carpentier, o Faulkner. En esa pluralidad reside lo bueno.
- ¿Cuál es su título de cabecera?
- He huido siempre de los grandes títulos. A mi me hubiera gustado escribir El desierto de los tártaros, de Buzzati. Es una novela corta, pero deliciosa. O El extranjero, de Camus. ¿Cómo en tan poco se puede escribir tanto!
- ¿Cuál es su obra favorita?
- Yo no puedo decirlo, pero otros apuntan la novela Un hueco en el mundo. Tuvo buenas críticas pero mala distribución...
- Reivindica la escritura en castellano...
- El euskera fue un idioma perseguido y había que ayudarlo. Pero ahora los autores vascos en castellano quizás estamos desamparados: hay quien piensa que quienes escribimos en castellano no somos cultura vasca. Por cierto, ¿no me vas a preguntar si tiene remedio lo nuestro?
- Claro: ¿tenemos remedio?
- Si el País Vasco, el día de mañana, va a ser un país apoyado en la idea de etnia y en la organización vertical de castas, no hay remedio. Hace falta mucha tolerancia entre todas las sensibilidades para arreglar esto.