El asunto informativo del mes es la crisis de las viñetas, a propósito de esas caricaturas de Mahoma. El lance ha llenado horas y horas de programas informativos. Lo que faltaba era un debate a fondo sobre la cuestión, y esa es la laguna que trató de llenar esta semana Enfoque, en La 2. El tema era muy importante. Los invitados, en general, gente a la que valía la pena escuchar. No cabe duda de que la oferta era buena. El resultado, sin embargo, fue un poco decepcionante. Hay una cuestión elemental: no es serio despachar en una hora escasa de conversación un asunto que lleva días ocupando portadas en toda la prensa mundial. Para un debate que tenemos en la televisión pública –59 segundos es otra cosa–, es deplorable que nos lo ofrezcan con hechuras tan raquíticas. A Enfoque le falta, primero, más tiempo de conversación: no hay otra manera de abrir realmente el abanico de las opiniones. Le falta, mayor ambición en los complementos: reportajes, entrevistas, testimonios, que pecan de una cierta pobreza.
Y le falta también un trabajo más aplicado por parte del moderador. El papel del moderador consiste en estimular el debate y aprovechar la discusión para ir sacando los asuntos que interesan al espectador; es eso lo que justifica que el moderador tome protagonismo. Pero lo que hace Elena Sánchez es insuficiente. Primero, porque tolera que dos participantes hablen a la vez, lo cual debería estar sancionado; después, porque la cámara le concede un protagonismo inoportuno al enfocarla mientras, muda, escucha a los invitados; también, porque da la impresión de que va sacando los asuntos de debate en función de un guión preestablecido, y no al hilo de lo que dicen los invitados, de manera que la discusión pierde viveza. Y sobre todo: es de una simpleza primaria, ese recurso de cerrar el debate con una suerte de apresurado resumen de lo que todos han dicho. Concluye el debate, todos han expuesto sus opiniones y entonces va Elena y comunica a los espectadores no lo que cada cual ha dicho, sino lo que a juicio de ella, la moderadora, es la síntesis que el espectador debe escuchar. Se agradece el esfuerzo, pero ¿acaso no hemos escuchado ya lo que cada cual ha dicho? Y por otro lado, ¿bajo qué títulos sintetiza Elena? ¿En nombre de qué nos da su opinión? ¿Es un editorial como el de los periódicos? ¿Es la posición oficial de TVE? No puede responder, porque el colofón de la moderadora es un apresurado punto final, la «última palabra». Eso no es muy elegante.