ZUMAIA. DV. ¿Hawaii? No. Mucho más cerca. Playa Gris, entre Getaria y Zumaia. Una ola que rompe bajo condiciones muy específicas sobre fondo de roca, apta sólo para especialistas, no exenta de peligro y cuya orientación concentra el fuerte oleaje que llega del Cantábrico duplicando su altura. El hombre tratando de dominar a la naturaleza en estado puro.
Playa Gris -conocida en la zona también como Izustarri- es sinónimo de ola gigante, como ninguna otra en cualquier punto de la costa española. Tanto que ayer superó los seis metros. No exageramos. Una jornada épica protagonizada por tres surfistas -Adur Letamendia, Ibon Amatriain más Mikel Agote- y un corchero -Ganix Arakistain-, cuya actuación pasa a engrosar un capítulo más de la historia del surf guipuzcoano. Lo que presenciaron cerca de treinta jóvenes arremolinados en la margen de la N-634 no tiene precio. Para muchos de ellos la jornada quedará marcada con una equis en su calendario particular, porque primero fueron testigos y luego protagonistas del espectáculo por excelencia.
Surfear Playa Gris no es un juego de niños. Cualquier despiste o caída puede arrastrar al surfista hasta las rocas con consecuencias dramáticas. De ahí la ayuda de los aficionados, que desde lo alto del acantilado avisan mediante silbidos a los surfistas cuando se aproximan las olas, y sobre todo del respaldo de una moto acuática. Ibon Amatriain y Mikel Agote, miembros del equipo Pukas de Tow In, han recorrido cientos de kilómetros a bordo de su moto antes de atreverse con Playa Gris. El Tow In ha derribado muchas barreras porque permite al surfista surfear esas masas gigantes de agua que de otra forma nunca hubiera imaginado. El surfista es remolcado hasta la parte alta de la ola y luego suelta la cuerda que le une a la moto para dejarse caer por la pared de la ola.
Letamendia, sin moto
Adur Letamendia es un caso sin igual. Sólo él es capaz de llegar a la rompiente por mar, encima de su tabla con la única ayuda de sus brazos, y una vez en Playa Gris coger las mismas olas que Ibon Amatriain y Mikel Agote surfean con moto. También lo hizo Ganix Arakistain, desde Getaria. «Es la felicidad total. Es ampliar tus propios límites», dice Letamendia. Y tanto. Ayer sufrió lo que se denomina como una cazada. Al bajar una ola se cayó y dos espumas gigantes le pasaron por encima. Lo que sufrió debajo del agua sólo lo sabe él. «Otra ola más y me voy contra las rocas». ¿Volverías?, preguntamos. «Mañana mismo».