Miércoles, 15 de febrero de 2006
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DEPORTES
CICLISMO
Pantani, en el recuerdo
Dos años después de su muerte, el 4 de febrero de 2004, el recuerdo del 'Pirata' permanece vivo en la memoria de los aficionados
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SAN SEBASTIÁN. DV. La habitación 5 D del hotel Le Rose, en la localidad turística de Rímini, ha estado mucho tiempo sin que nadie la quisiese usar. En ella murió, el 14 de febrero de 2004, el corredor ciclista Marco Pantani y ese cuarto se hizo tristemente famoso en Italia.

Cuando falleció, Pantani era una leyenda. Ahora ya es un mito en un ciclismo que siempre ha idolatrado a determinados ciclistas.

La tumba en la que reposan sus restos, en Cesenatico,donde nació y vivió, volvió a ser visitada ayer por muchas personas. El nicho 262, sección G, que está encima del de su abuelo, Sotero, es el más visitado de todo el cementerio.

En los primeros meses desaparecieron objetos de gran valor sentimental que estaban colocados en su tumba, por lo que su familia se vio obligada a retirar bastantes de ellos.

La fecha de su muerte, por sobredosis de cocaína, ha pasado desapercibida para mucha gente en un mundo que vive demasiado deprisa. Lo último que se ha sabido sobre su caso, hace ya varios meses, es que dos individuos, Fabio Miradossa y Ciro Veneruso, fueron condenados a cuatro años y diez meses de cárcel y tres años diez meses, respectivamente, por el tribunal de Riminí.

El primero de ellos fue acusado de proporcionar a Pantani la última dosis de cocaína que le costó la muerte. Su madre, Tonina, dijo que estaba convencida de que fue «asesinado». El caso Marco Pantani hace tiempo que está cerrado en Italia.

Su muerte real fue en 2004, pero en realidad la espiral en la que se había convertido su vida se inició en el mes de mayo de 1999, en la localidad de Madonna di Campiglio, cuando superó una tasa de hematocrito del 52%, lo que le obligó a dejar una carrera que tenía ganada. Desde entonces Pantani ya no fue el mismo. Se sintió perseguido en su propio país, donde le crucificaron, lo que le obligó a tener que pasar cierto tiempo entrenando en España, entre otros lugares, tratando de recomponer un cuerpo que estaba roto, sobre todo psicológicamente. Se había enfrentado a muchos estamentos deportivos, lo que le hizo encontrarse con muchas puertas cerradas cuando las necesitaba.

Tuvo que ser tratado en varias ocasiones de las depresiones que le acechaban y de adicción a las drogas. Su carrera ciclista se deterioró desde entonces.

Llegó a ganar una etapa en el Tour de Francia, en 2000, en el Mont-Ventoux, cuando llegó escapado con Lance Armstrong. E incluso cubrió un buen Giro de Italia en 2003, lo acabó en el puesto 14, pero nada era ya igual a sus años de gloria.

Para entender la bajada que tuvo a los infiernos hay que saber que en Italia era un dios. La gente de la calle le adoraba y contra eso no podía luchar nadie. Ni siquiera el apoyo popular que tuvo logró que su vida personal -la deportiva la había perdido hace tiempo- se pudiese enderezar.

Dos años después de aquellos sucesos, su figura permanece viva en Italia, aunque el paso del tiempo conduce de forma inevitable al olvido. El mundo del ciclismo ha seguido su camino, entre tumbos, sin conseguir mantener una cierta cordura y sobre el caso Marco Pantani se ha escuchado de todo, con un río de rumores, la mayoría de ellos sin ninguna base, que lo único que han hecho es engrandecer más al mito.

Lo único cierto es que ni los triunfos deportivos que consiguió, ni el dinero que ganó, lograron hacerle feliz. No le permitieron vivir como una persona normal.



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