Los hijos se convierten, muy a pesar, en una de las principales fuente de conflicto en las rupturas. Son una pieza clave de unos procesos de separación en los que, desgraciadamente, sufren más de la cuenta. Así lo constatan en Agipase, donde ven «muchísimos casos» de lo que llaman el Síndrome de Alienación Parental, que se define como «la situación en la que el padre con la custodia boicotea la relación del menor con el padre no custodio». La gravedad de esta cuestión ha hecho que la propia asociación abordase el problema en unas jornadas que organizó en octubre en el Palacio de Miramar y que ahora mismo el Colegio de Médicos de Madrid haya creado un simposio para hablar sobre el síndrome.
«Estamos tratando de que la gente tome conciencia y que en un futuro incluso se pueda llegar a hablar de maltrato a menor, y que se trate como es», comenta la trabajadora social y mediadora Mirari Bergara, quien subraya los dañinos efectos que puede acarrear el hecho de «instrumentalizar al niño para hacer daño al otro». De hecho, ya están detectando las consecuencias de esta actitud en adolescentes. «Los problemas son terribles, porque como persona le ha faltado un referente. Por ejemplo, le falta la figura del aita y se puede decir que ese niño está cojo. Porque en el caso del niño huérfano le han podido contar que su padre, que ya no está, era un hombre muy bueno, pero en estos casos sucede todo lo contrario, porque lo que le dicen es que su padre es un ogro». Bergara destaca la importancia de prevenir este tipo de situaciones, «que causan muchos problemas».