OARSOALDEA. DV. Es uno de los paseos más transitados de toda la comarca de Oarsoaldea. Desde primeras horas de la mañana, en él se dan cita numerosas amas de casa dispuestas a empezar el día haciendo un poco de ejercicio, jubilados que disfrutan contemplando el Cantábrico y ociosos de todas las edades, sin olvidar a los domingueros que, solos o en familia, toman en su único día libre este camino trazado entre el monte y el mar.
«Vamos a Puntas», dice una mujer de mediana edad acompañada de dos amigas. Las tres llevan ropa y calzado deportivo. «¿Hombre, claro! Es que para nosotras esto es como ir a clase de gimnasia, pero mejor, porque vamos hablando y no nos cuesta tanto», aseguran sin detenerse ni un segundo.
Otras dos mujeres de más edad las siguen a poca distancia. Van hablando de sus respectivas preocupaciones: los nietos -«el de mi hijo mayor ha empezado este año la carrera de informática, a ver si tiene suerte»-, la casa -«¿Qué vas a poner hoy para comer? Yo tengo un poco de guisado de ayer. Luego quiero comprar unas fresas»-, los programas que siguen en televisión Los temas se suceden en la conversación que ambas mantienen, mientras aceleran el ritmo de su marcha.
En el trayecto hacia la bocana de la bahía de Pasaia, se cruzan con un matrimonio no menos activo. «Venimos todos los días a andar, aunque ahora, en invierno, con el frío, da un poco de pereza», comenta el marido. «Es un paseo muy agradable», añade, por su parte, la esposa. «Lo tenemos cerca de casa y es tan tranquilo ».
Lo mismo debe de pensar buena parte de los habituales del paseo de Torreatze. Un joven que llega acompañado de su perro, una pareja de novios, media docena de marineros ya retirados, mujeres que charlan animadamente, solitarios que fijan su vista en el horizonte, más mujeres Algunos, a fuerza de verse en este entorno pasaitarra, ya se conocen y no dudan en saludarse cuando se encuentran en ese continuo ir y venir de gente del que es escenario la ensenada de Ondartxo y sus inmediaciones.
Otros muchos vecinos de Trin-txerpe, San Pedro e incluso Bidebieta también encaminan sus pasos a diario en dirección a Torreatze. Inician su recorrido en el puerto de Pasajes, o tal vez mucho antes, para continuar bordeando las faldas de Ulía, desde la Torre a Kalparra, pasando por la fuente de la Virgen, el antiguo astillero hoy en desuso, las casas solariegas, la taberna que mira a San Juan o la sede del club de remo del distrito. El olor a salitre impregna cada recodo de lo que para centenares de personas se convierte en un lugar en el que poder evadirse de la rutina.
Obras de reforma
Quienes en las últimas semanas siguen esta travesía descubren que el paisaje al que estaban acostumbrados ha variado como consecuencia de los trabajos que en la actualidad se llevan a cabo en la zona más próxima al mar. Y es que desde finales del pasado año este paseo es objeto de diversas obras de mejora, en las que se pretenden invertir 1.450.000 euros, una cantidad que permitirá sufragar la reforma que precisará de dieciocho meses para completarse.
Operarios y diversa maquinaria están presentes a lo largo de la jornada en este rincón sanpedrotarra, lo que a menudo despierta la curiosidad de los viandantes. La mayoría de ellos no puede evitar detenerse ante las vallas de protección colocadas a modo de pantalla al borde del camino.
«¿Qué estarán haciendo?», se pregunta uno de los paseantes a la altura de Ondartxo. «Aquí hay obra para siete años, por lo menos», dice una pasaitarra, al tiempo que se asoma al otro lado de la verja.
Y mientras tanto, el aspecto de la ensenada que ha permanecido inalterable durante décadas comienza a sufrir sus primeras modificaciones. Las obras que se realizan durante estos días en Pasaia San Pedro ponen punto y final al debate mantenido durante varios meses por los habitantes de este distrito y las autoridades municipales.
Atrás quedan las movilizaciones vecinales llevadas a cabo desde el año 2004, entre ellas, la presentación de un manifiesto redactado «por la dignificación del paseo de la Torre -o Torreatze- a Puntas, por el respeto a sus márgenes y marismas».
Bajo el título Ondartxo en nuestra memoria, en nuestro futuro, el texto solicitaba a las autoridades competentes que «se mantenga la vocación pública, alejada de cualquier uso industrial, que tuvo en su día Ondartxo, para poder así hacer de esa zona una zona para el disfrute de los ciudadanos, para el esparcimiento y para el baño».
Asimismo, se contemplaba la ejecución de «las obras necesarias que traigan consigo la dignificación del paseo, tan abandonado durante tantos años, de la Torre a Puntas, manteniendo en todo momento los actuales márgenes, el actual perfil, morfología del terreno, para disfrute nuestro y de las generaciones venideras».