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Viernes, 10 de febrero de 2006
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SAN SEBASTIÁN
SAN SEBASTIAN
Viejos oficios junto al Urumea
La casa de Cultura de Loiola acoge desde hoy una exposición sobre actividades profesionales que han desaparecido
SAN SEBASTIAN. DV. La que el Centro Cultural de Loiola inaugurará hoy viernes será una exposición modesta pero cargada de significado, porque en ella se recoge la historia de aquellos oficios tradicionales que antaño nacieron ligados al río que cruza San Sebastián. La mayoría de ellos acabaron desapareciendo con el paso del tiempo, pero durante algunas semanas volverán a estar presentes en la vida de los donostiarras a través de la cerca de una decena de paneles, provistos de textos e imágenes, que componen la muestra Urumea y el trabajo.

Entre esas profesiones se encuentra la del 'guarda ríos', una figura creada a finales del siglo XIX con el fin de ocuparse de la custodia de las aguas que desembocan en el Cantábrico. Su papel resultaba de vital importancia, ya que, según se explica en la información expuesta en Loiola, en aquel entonces «no se podía pescar arrojando cal o materiales ponzoñosos, no se podía curtir usando las aguas del río antes de las poblaciones para no contaminarlos, no se podía cerrar el cauce, sacar agua para regar ni hacer ninguna operación sin el oportuno permiso de las autoridades».

La cestería conoció en esa misma época «un auge espectacular». Hoy en día, sin embargo, esta actividad se limita a la presencia de sólo dos artesanos de avanzada edad en la comarca del Urumea, «últimos maestros capaces de dar el volumen y la forma deseada a una vara de castaño únicamente con la ayuda de un machete, en definitiva, tejiendo la madera con sus manos».

Similar suerte corrieron las ferrerías, tanto las denominadas 'mayores', «que transformaban el mineral de hierro en metal en barras», como las 'menores', «que convertían estas barras en aperos útiles para el trabajo, armas, clavos para la construcción y cuanto de hierro fuera necesario».

Barcos para Pasajes

Otro negocio surgido a orillas del Urumea fue el de los astilleros. En los erigidos aguas arriba se construían los cascos de los barcos grandes que se bajaban más tarde vacíos, arrastrándolos y aprovechando la marea alta, para ser terminados y armados en Pasajes. Los astilleros compartían protagonismo con los veinticuatro molinos que movían este río y sus afluentes. Desde el regentado por la familia Aguirre al conocido como Errotatxo, pasando por Errotaberri, Anoeta o Mateo, entre otros. «En todos ellos se molía trigo y maíz para las personas, y cebada y avena para el ganado», recuerda uno de los paneles que se muestran al público en Loiola.

No falta el recuerdo a quienes se ganaban la vida pescando anguilas, bermejuelas, salmonetes, truchas, albures, salmones y paluzas, las especies que se criaban hace dos siglos en el lugar. Tampoco se olvida a los gabarreros, antiguos transportistas fluviales que años después se dedicaron a extraer arena del fondo del Urumea para destinarla a la construcción.

Asimismo, «existía el oficio de lavanderas, encargadas de lavar la ropa de las gentes pudientes de Hernani y San Sebastián, y sobre todo de los distintos hoteles y pensiones de la ciudad, que en verano se llenaba de turistas que acudían a tomar los famosos baños de mar, muy beneficiosos para la salud», concluye la exposición, cuyos contenidos se completan con una fotografía en blanco y negro de estas mujeres en plena faena.



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