Los problemas físicos de Brechet tienen todo el cariz de convertirse en un mal crónico; si (el que sea) recae una y otra vez al poco de reaparecer de una larga lesión, ya no es achacable a la mala suerte. No se trata de buscar culpables, pero sí de pedir explicaciones. ¿Brechet vino ya roto? ¿ha habido negligencia? ¿es de cristal? Sea lo que fuese, su rentabilidad es sangrante para las arcas del club. Desde su llegada y va para dos años, no ha jugado tres partidos seguidos, frecuenta más los pasillos de los centros médicos que los del vestuario de Anoeta, y es preocupante el mutismo del cuadro médico, que en el caso del francés, empieza a abandonar su discurso de recuperación definitiva. Soy consciente de que el jugador atraviesa un calvario sin comerlo ni beberlo, pero la entidad blanquiazul no es una ONG y, al margen de la duración de su contrato, la Real debería ofrecerle una salida digna y a la vez, beneficiosa para todos.