diariovasco.com
Viernes, 10 de febrero de 2006
 Webmail    Alertas   Boletines     Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

OPINIÓN
Articulos
Los inconformistas
Este título parece que fuera de algún filme, pero realmente la vida misma es una secuencia de películas fantásticas, superando casi siempre a la ficción, tal y como tantas veces se ha dicho y ha quedado demostrado en otras tantas ocasiones. Adelantándome a las conclusiones finales, voy a señalar que este trabajo va en defensa de los inconformistas, de algún modo es un canto al inconformismo, con todas las limitaciones y matices necesarios para que lo expuesto tenga sentido y coherencia. El inconformismo es muchas veces una verdadera fuerza motriz a la hora de realizar obras importantes, llevadas a cabo desde un afán de superación precisamente producto de la resistencia a un conformismo que frenaría cualquier impulso de acción, manteniendo por el contrario una vitalidad permanentemente activa a fin de alcanzar metas cada vez más ambiciosas.

Es cierto que, como en todo, ningún exceso es recomendable en absoluto, y así algunas personas llegan a ser inconformistas en sentido negativo, casi disidentes con su existencia; nunca están conformes con nada y siempre se están quejando de todo, pero no suelen hacer demasiado por cambiar esas situaciones que tanto les incomodan. En el extremo opuesto estarían los llamados conformistas, siempre aparentemente conformes con todo y no quejándose nunca de nada; tampoco es positivo, porque un mundo compuesto sólo por conformistas no se transformaría ni avanzaría, al ser rutinario y carente de estímulos e inquietudes. Ésta va a ser una primera limitación, en el sentido de que al escoger el colectivo objeto de análisis ya de entrada no se van a tener en consideración ni a los inconformistas contumaces ni a los conformistas sumisos.

Otro tipo de acotación viene originada por situaciones o circunstancias extraordinarias en ambos sentidos, que están condicionando y distorsionando el comportamiento de las personas afectadas, y que hubiera sido totalmente distinto de no haber concurrido aquéllas. Puestos a identificarlas y enumerarlas, nos encontraremos con algunas que ya vienen predeterminadas desde el mismo nacimiento de cada persona, por una decisiva influencia de factores externos geográficos, sociales, culturales o económicos, o bien por cualidades internas especiales y particulares, ya innatas o adquiridas gracias a la posibilidad de ser desarrolladas, y otras coyunturales, derivadas por ejemplo de un golpe de suerte o de infortunio. Suscitan gran admiración quienes son capaces de sobreponerse a un grave e inesperado revés o adversidad de la que han sido víctimas y que va a marcar en lo sucesivo su futuro, presentando entonces el conformismo su faceta más dura, la resignación; superar ese trance y conseguir adaptarse de nuevo a la vida social como si nada hubiera ocurrido es una manera de ser inconformista con la desgracia. Sin duda, una de las grandezas del ser humano.

Estando ya situados en la banda en la cual vamos a movernos, es necesario hacer mención a las etiquetas definitorias que suelen colocarse a las personas, en el sentido de catalogarlas como conformistas o inconformistas, algo demasiado simple y subjetivo, y por lo tanto erróneo y poco afortunado, ya que ni somos así en términos absolutos ni siempre presentamos un mismo grado de conformismo ante cualquier situación, ya por su propia naturaleza, por las circunstancias o incluso por el estado de ánimo. Lo que sí tiene cada persona es una propensión más o menos acentuada a ser en general conformista o inconformista, y quien mejor lo sabe es cada uno de nosotros cuando nos auto-examinamos y reflexionamos; de ahí surgen muchas sorpresas ante los demás, al adoptar ciertas actitudes o tomar decisiones imprevistas, generalmente por ser valientes y no exentas de riesgo, algo típico en los inconformistas.

Haciendo referencia a los denominados conformistas, se puede señalar que por supuesto su actitud es totalmente respetable y no exenta de razones. Un conformista acepta el orden establecido y encuentra una adaptación al mismo como la postura más cómoda, sin complicaciones, aun admitiendo la existencia de injusticias, pero considerando que está fuera de su alcance poder cambiarlas o remediarlas. Al margen de estar o no de acuerdo, no deja de ser una actitud honestamente pasiva, pero ciertamente con pocos alicientes y ninguna aspiración.

Volviendo al análisis del inconformismo, vamos a señalar que, previo al inicio de cualquier acción, se exige un conocimiento real de nuestra capacidad o nivel de competencia, tan interesante como la propia naturaleza de la obra a emprender, no siendo imprescindible disponer de una información exhaustiva acerca de la misma, aunque lógicamente sí debemos tener un conocimiento intrínseco necesario para poder abordarla, pero lo realmente definitivo es acertar en la posibilidad real de llevarla a cabo, algo que a veces se nos escapa por no haber sido capaces de medir en cada caso nuestra auténtica valía frente al reto que supone la decisión tomada.

Visto de esta manera, es como si se tratase de un verdadero desafío, donde siempre es definitivo jugar con ventaja ante el adversario, y en este caso la mejor baza es la preparación, entendiendo por preparación el conjunto de capacidad, conocimientos y experiencia, todo esto relacionado con tres épocas en la vida de las personas: niños, jóvenes y adultos. Un niño es un receptor de sensaciones, percepciones y comportamientos; se está forjando su personalidad y, dentro de ésta, mostrando señales de su capacidad para afrontar la vida futura, entre otras su intelecto, aptitudes, cualidades y habilidades individuales. El paso gradual a una persona joven irá confirmando esas impresiones, apareciendo otras nuevas, y entonces lo que predomina es la adquisición de conocimientos y valores humanos; es la fase en la cual cobran importancia las actitudes y se va teniendo conciencia de lo que supone el esfuerzo, el espíritu de sacrificio y el afán de superación, destacando por su relevancia las enseñanzas docentes o prácticas recibidas, tanto más cuanto mayores y más exigentes hayan sido, donde vuelve a aparecer la paradoja de que quizás es tan importante el desarrollo y el ejercicio de la mente, del espíritu y del cuerpo como las propias lecciones y acciones llevadas a efecto, ya que ni es posible abarcar todos los campos ni profundizar totalmente en ellos. Puede decirse que en esta etapa de formación y entrenamiento fundamentalmente se aprende a aprender. Y así se explican algunos éxitos brillantes de muchas personas en materias distintas de aquello en lo cual han sido adoctrinadas. A medida que pasa el tiempo y la persona se va acercando o entra en la edad madura, además del continuo aprendizaje que no cesa, va cobrando peso cada vez con más fuerza la experiencia, siendo preciso compaginarla con todos los conocimientos acumulados, a fin de abordar nuevas empresas en más de una ocasión con una mayor serenidad y seguridad en sí mismo.

Tras todas las elucubraciones anteriores, donde se ha enfatizado en poner de manifiesto la trascendental importancia de la formación, el mensaje que desde aquí se quiere dar es en consecuencia una exhortación a tratar de adquirir la máxima preparación posible, porque al final es la única manera de tener ciertas garantías para superar los compromisos, evitando futuros errores, fracasos y decepciones, algo que afecta en gran medida a los inconformistas en cuanto a su faceta de emprendedores se refiere. Sólo entonces podremos hablar de un inconformismo coherente. Es en cierto modo una educación del inconformismo para que sea positivo y práctico.

Hasta ahora sólo se han considerado a los inconformistas como personas que buscan una salida o solución a sus particulares disconformidades, pero también existe otro peculiar inconformismo: el puesto en práctica por los idealistas activos en su sentido más amplio y genérico, por ejemplo quienes, ya individualmente o bien dentro de alguna organización, abordan actividades de ayuda a los demás, sin otra recompensa que la satisfacción del deber cumplido, en principio sin componente materialista alguno, actitud que nace de una rebeldía ante las situaciones que están viendo a su alrededor, desembocando en una entrega total a la causa que consideran merecedora de aportar todo su esfuerzo y disponibilidad por ella hasta las últimas consecuencias, llegando en ocasiones a situaciones límite de poner en juego sus propias vidas, lo más preciado que tenemos y el principal freno a la hora de emprender cualquier acción de estas características. Estamos de nuevo ante una de las manifestaciones más plausibles de la condición humana.



Vocento
Monitor de tráfico Bidegi Canal Meteo Webcam