Los últimos acontecimientos que ha tenido como protagonista al fiscal general del estado han acentuado notablemente la inquietud entre los ciudadanos, que se malician oscuras maniobras del Gobierno. Más allá del concreto episodio sobre un fiscal destituido o de un debate jurídico sobre la acumulación de penas a los etarras más sanguinarios, todo apunta a que el equipo de Zapatero está jugando la partida de la negociación con ETA haciendo trampas a la sociedad, sobre todo a las víctimas del terrorismo. Causa verdadero asombro que el Gobierno se haya mantenido tan distante, como si no fuera con él, de la polémica generada por Conde-Pumpido, de igual modo que no ha dado señales de vida ante el escándalo de que una veintena de etarras vayan a salir este año de la cárcel aprovechándose de diversos beneficios legales. (...)