La tendencia descendente de accidentes causados por gas en el País Vasco -fruto en buena medida del plan Renove promovido por el Gobierno Vasco- se rompió el año pasado. Los once siniestros relacionados con las instalaciones de gas que se registraron el año pasado en Euskadi duplican a los que se produjeron en 2004. El Gobierno Vasco atribuye inicialmente este aumento más a la casualidad que a otras razones técnicas. Pero es un indicador preocupante, que descubre carencias en la seguridad de las instalaciones. Y mucho más en las de gas butano, donde el control no es tan estrecho como en las de gas natural. Se ha encendido una alarma que exige nuevas respuestas para evitar que se repitan episodios como el de Asteasu.