Nada tan acogedor como un banco de Alderdi Eder, bien pertrechado contra el intenso frio y contra el posible aburrimiento. Y si el viento arrecia o el periódico está ya leido, a veces hasta repasado, es agradable, ayudado por la muleta, acercarse a la barandilla y contemplar el mar, que bajo la luz invernal de estos días muestra algunos de sus tonos más sorprendentes. Esta época del año, menos multitudinaria que el agobiante y bullicioso verano, es el momento preferido para muchos donostiarras que eligen las primeras horas de la mañana para disfrutar de todo lo que la ciudad les ofrece. [SARA SANTOS]