PAMPLONA. DV. La entrada de aire a los saques del delantero rival es una de las facetas del juego que domina Martínez de Irujo. Llega hasta tal punto su desparpajo en esta jugada que a veces la convierte en arma ofensiva en lugar de defensiva. Entra tanto de volea como de sotamano y hasta de gancho. Además, varía el resto con la volea y lo coloca tanto en la pared izquierda como en el ancho para evitar el consiguiente gancho del sacador. Algunos dirán que hace atxiki, pero la realidad está ahí: se trata de una jugada importante en el desarrollo del juego. Hasta tal punto que algunos delanteros rivales prefieren evitar la entrada de aire de Irujo tocando la pared izquierda con la pelota, lo que facilita la labor del zaguero, Eulate en este caso.
En los cinco partidos del Campeonato de Parejas que ha disputado hasta el momento, Martínez de Irujo ha restado de aire 39 de los 85 saques ejecutados por los delanteros rivales. Es prácticamente el 46%. Eulate ha devuelto 46, el 54%. Se reparten este trabajo a partes iguales. En el Labrit, en el partido de la liguilla que jugaron contra Bengoetxea VI y Patxi Ruiz, entró de aire al saque en once ocasiones de diecinueve posibles. El domingo en Bergara, frente a los mismos rivales, lo hizo sólo en cinco ocasiones. Pero, claro, Koka ejecutó únicamente ocho saques. El porcentaje de entradas de Irujo se elevó al 62%.
El resultado de esta estrategia de juego es que Irujo y Eulate han recibido seis tantos de saque en cinco partidos, una cifra baja. El porcentaje se sitúa en poco más de uno por partido. Nadie ha sido capaz de colocarles más de dos. Se trata de una buena base sobre la que cimentar sus actuaciones.
Quizá sea casualidad pero en su única derrota en la competición, ante Olaizola I y Otxandorena en el Beotibar, Asier Olaizola restó de aire ocho de los veinte saques de Irujo, quien devolvió nueve aquel día.
Actualmente muchos delanteros ayudan a su zaguero en el resto de saque. Se lo hemos visto hacer a Titín, posiblemente el pelotari que convirtió esta jugada en habitual, Olaizola II, Xala, el propio Olaizola I –utiliza, sobre todo, el sotamano–, también Gonzalez... Hay incluso pelotaris de segunda que lo emplean.
En épocas anteriores, Salva Vergara acostumbraba a restar saques de sotamano cuando veía que podía entrañar grandes dificultades para su zaguero. Sin embargo, no lo hacía tantas veces como Irujo o Titín. Eran restos esporádicos y de urgencia.
Roberto García Ariño recuerda que en la época del atxiki «lo hacíamos Retegui II, Piérola, Bengoetxea IV y yo mismo. Cuando eliminaron el atxiki dejamos de hacerlo, salvo Retegui II, que también entraba de volea luego».
Es más, los delanteros no se situaban en el recorrido de la pelota, sino en el ancho más pendientes de la siguiente jugada del delantero rival. No existía costumbre de entrar de volea al saque.
Aunque Roberto García Ariño recuerda que «una vez, mi hermano Jesús restó saques de gancho en un partido. Debió ser una medida de urgencia ya que había humedad en la cancha y así evitaba que la pelota botara en el suelo y resultara incontrolable».