. DV. Para el próximo 6 de abril está convocada la celebración de la asamblea anual ordinaria del Hogar, encuentro, que en el orden del día incluye entre otros puntos, el correspondiente a la renovación de la junta directiva.
Una renovación que, sobre el papel, se debe llevar a cabo cada dos años, pero que en realidad ha propiciado situaciones, como la actual en la que más de la mitad de los miembros que quedan en la junta llevan más de 10 años en el cargo, sería el caso de Regina García y de Ramoni Barco, o del propio presidente, Fernando Landaluce (casi 14 años en el cargo).
El problema reside en que la actual junta agota este último ejercicio en cuadro; con poco más del 50% de los miembros que la componen en activo, y con el anuncio de que tanto el presidente como Ramoni y Regina anuncian su despedida, todo ello sin que exista ninguna candidatura, ni socio que esté dispuesto a asumir la presidencia.
Sería, dicen en la Casa, la primera vez en los 19 años de historia de la asociación, se produce una situación similar.
Así las cosas, al objeto de evitar el hecho de llegar a la celebración de la asamblea sin una directiva al completo.
«Ante la gravedad de la situación», señala la nota hecha pública al efecto por la junta, con la esperanza de encontrar entre todos y todas nuevas soluciones que aseguren la continuidad del funcionamiento del Hogar y evitar su cierre por falta de personas que quieran dirigirlo, la actual junta convoca a todos los socios, con carácter de urgencia, al objeto de tratar esta problemática, a una reunión a celebrar mañana jueves, a las 6 de la tarde, en el salón de actos.
A media mañana de ayer, la actividad en el Hogar del Jubilado era la propia y habitual de un martes cualquiera.
En la sala en la que lleva a cabo su labor la directiva, se encontraba atendiendo a su cotidiana labor, Regina, Ramoni, Nazaria, que salía corriendo para atender a sus obligaciones familiares, Justi, y Fernando, grupo al que se unía Kristina Altuna, técnico de Bienestar Social, colaboradora directa con la Casa.
Todas, especialmente Ramoni y Regina convenían en el hecho de que aceptaron la responsabilidad para dos años, y ya llevaban más de una década en el puesto. Nosotras, comentaban, entramos en la directiva cuando nos quedamos viudas, y es justo reconocer, subrayaban, que esta labor nos ha aportado mucho.
Han pasado, exactamente 12 años, desde que pasamos a formar parte de la junta y 12 años, a estas alturas de la vida notas, y te das cuenta de que esta responsabilidad te empieza a pesar y que por lo tanto ha llegado la hora del relevo.
1.400 socios
Es curioso, coinciden, que de 1.400 socios, ahí es nada, nadie quiera asumir responsabilidades. Bueno, apostillan, hay tres mujeres dispuestas a ser miembros de la junta, pero ningún hombre, que aunque sólo sea por aquello de aportar la fuerza física, su presencia resulta esencial.
Nazaria y yo, comenta Justi, «estamos dispuestas a seguir un poco más pero para mi, cinco mujeres solas creo que no conseguiríamos ir más allá del primer mes».
Fernando Landaluce comenta que tras su situación personal, le ha dado vueltas al tema y ha decidido que tiene que vivir un poco. «De momento, dice, me voy a Perú a verle a mi hijo al que no le he visto desde hace 14 años».
Siempre lo he dicho y vuelvo a reconocerlo que para mi la actividad en el Hogar ha sido un hobby pero ha llegado el momento de pasar página.
A los socios les digo, subraya Fernando, «que el hecho de que el Hogar perviva es fundamental. Entre todos, con una directiva al completo (nueve miembros) la labor resulta tan llevadera como satisfactoria».
Sólo me queda añadir, concluye el presidente, que el Hogar será lo que quieran sus socios.