El Servicio de Defensa de la Competencia investiga desde el pasado julio la actuación comercial de las cajas vascas. La acusación tiene una sólida justificación formal. Es evidente que las cajas vascas no se hacen la competencia en sus respectivos territorios de influencia y que tan incontestable hecho no puede responder a un olvido, ni ser fruto de un descuido estratégico. Las cajas compiten aquí con bancos y cajas de otras comunidades, y lo hacen entre sí fuera del País Vasco y de Navarra, pero les falta enfrentarse aquí entre ellas. Aparte de posibles irregularidades formales, ¿qué mal se deriva de ello para la competencia?, ¿qué perjuicio les causa tal actitud a los consumidores?
Me atrevería a decir que ninguno. El nivel de competencia del sector financiero es elevadísimo. Basta darse una vuelta por la Gran Vía de Bilbao, la Avenida de San Sebastián o la calle Dato de Vitoria para comprobar lo bien surtidas que están de bancos y cajas. Si, además, nos fijamos en los productos, veremos que no nos falta ninguno. Y si lo hacemos en los precios, podremos observar que no son más elevados que otros lugares. Así que queda claro es que esta conducta no perjudica a nadie, ni causa ningún trastorno al sistema.
El Servicio de Defensa de la Competencia tiene otros problemas más graves de los que ocuparse. Por ejemplo, podría concentrase en recuperar algunos gramos de credibilidad de entre las miles de toneladas perdidas por los órganos reguladores con ocasión de la opa de Gas Natural sobre Endesa.
No se preocupen por dónde abren oficinas las cajas vascas, que nadie se ha quejado de ello.