Hay veces que me meto en los mapas de satélite de Google y miro la zona de Gaza. Antes me preguntaba cómo se pueden marcar las fronteras en el desierto. Se puede. Es casi lo primero que se ve al acercarse desde el satélite; largas heridas que separan los territorios de Egipto, Gaza e Israel. Según voy acercando el zoom se ven perfectamente ordenadas las tierras que pertenecen a Israel: rectángulos verdes hechos con tiralíneas, otras circunferencias perfectas, como nuestros antiguos kortabasos pero mucho más grandes. No hace falta buscar la frontera, en la zona palestina una marabunta de pequeñas parcelas de todo tipo emborrona el mapa.
Me acuerdo también de una cena, hace unos tres años, cuando Sharon empezó a construir la infame muralla. Estaba con nosotros un representante de la OLP. Yo planteé que se me hacía difícil entender que tuvieran más de 10 cuerpos diferentes de policía, con un total de 58.700 agentes. (Para comparar: tienen una población parecida a Euskadi y nosotros tenemos 7.500 ertzainas). Terminé diciendo que si, por ventura, conseguían un Estado independiente, tal vez fueran ellos los que terminaran la maldita muralla para que no se les escaparan sus ciudadanos a Israel para poder vivir. Me acuerdo de que todos los presentes me miraron como a un hereje sacrílego.
La semana pasada ha surgido la sorpresa: Hamás ha arrasado en las elecciones. ¿De verdad ha sido una sorpresa? Muy mal lo tenía que ver la vieja guardia corrupta de Fatah para aceptar que Marwan Barguti, encarcelado en Israel, fuera el primero de la lista de Fatah. Hamás se ha presentado por primera vez a las elecciones al Parlamento, pero hay que decir que las elecciones ordinarias no han sido la afición preferida de la OLP: en diez años no han tenido esta sana costumbre.
Inmediatamente han surgido voces de preocupación por todos lados. Se dice que hay que poner condiciones a Hamás para continuar aportando ayuda económica, fundamentalmente desde la Unión Europea. Y antes, cuando los territorios palestinos estaban gobernados por una casta de corruptos autoritarios que han saqueado las ayudas y han sumido a la población de Gaza en unos niveles de pobreza que hacen imposible cualquier proyecto de futuro de sus habitantes, ¿quién levantaba la voz? Unos pocos intelectuales palestinos y poco más (me parece que una vez Tony Blair en un acto público lo criticó, pero ya sabemos que no es de fiar en estos temas porque obedece al amo yanqui).
Con Google intento acercarme más en la costa de Gaza para ver las mansiones que han construido los jefes de Al Fatah pero no tiene suficiente calidad y los pixeles borrosos lo ocultan todo. A pesar de todo, yo sé que esas mansiones están allí, como símbolos ostentosos de corrupción. ¿Y qué decir de la vergonzosa negociación económica (mil palabras ocultan la perversa corrupción) con la viuda de Yaser Arafat? ¿Dónde han estado todas las virtuosas ONG y progresías variopintas que gestionan en la zona millones de euros al año?
Algunos analistas dirán que el crecimiento de Hamás ha sido promovido por la política israelí, a la que interesaba quitar de en medio a los únicos posibles negociadores. Tal vez sea verdad que el Gobierno de Israel buscara esto, pero es necesario decirlo claro: los únicos responsables de que haya ganado Hamás han sido Arafat y la OLP, que han sembrado de corrupción y pobreza la zona, ayudados por la desidia de la UE. Los ciudadanos palestinos han sido de las pocas sociedades árabes que han separado razonablemente la religión y la política, y de repente no se han convertido en fanáticos creyentes.
Lo que ha pasado es más sencillo: mientras los jefes de Al Fatah saqueaban las ayudas, llevaban dinero al extranjero o construían mansiones en la costa, mientras los jefes de comisaría pagan a sus policías con dinero en mano (una anécdota de 1939 me hace pensar que, tal vez, los policías verdaderos no sean tantos en realidad: estando los españoles republicanos en los campos de concentración, nombraban unos responsables cada cien prisioneros, que eran los encargados de recoger la comida de su compañía y distribuirla. Unos avispados pícaros se nombraron representantes de una compañía inexistente y le dieron vida elaborando una lista de 100 personas con nombres de toreros, cantantes y de cualquiera que les viniera a la cabeza), mientras la población ha sido abandonada a su suerte y pobreza, Hamás ha suplido al Estado. Hamás ha sido la estructura que ha mantenido instituciones sociales gratuitas: ha organizado centros sanitarios y ayudas de todo tipo. Alguien que en Gaza estuviera largo tiempo en paro y sin ningún recurso para mantener a su familia sabía que nada tenía que esperar de la Autoridad Nacional Palestina, que su única ayuda estaba tras la puerta de Hamás. Lo que han premiado los palestinos con sus votos no ha sido la fe fanática de Hamás, lo que han querido reconocer han sido los años de trabajo silencioso a favor de los más pobres, sin corrupciones, lujos u ostentaciones.
Ocultos por los debates políticos de Oriente Próximo, tendemos a no ver a los ciudadanos que habitan la zona. La situación de las gentes de Gaza es dramática. Desde la última Intifada la calidad de vida de los palestinos se ha degradado a unos niveles alarmantes; el paro tiene unas dimensiones enormes, el nivel de vida durante los últimos 15 años no es que no haya aumentando, ha retrocedido de forma exagerada.
El color verde que hoy cubre toda Palestina ha surgido y crecido por la corrupción y pobreza generados por la Autoridad Nacional Palestina (aunque Israel, con su política de aislamiento y haciendo imposible unas mínimas condiciones de movilidad de personas y mercancías es el gran responsable de la pobreza de la población palestina, no es cosa que se pueda dudar). Ésa es la pura verdad. No hay que buscar la solución en grandes conocedores de los secretos del islam.
Es difícil pronosticar qué pasará en Palestina. Creo, espero al menos, que no se dé una deriva hacia el fanatismo religioso, porque las razones de la victoria de Hamás no han sido religiosas. La clave de la estabilidad estará en la capacidad que tenga Hamás de integrar en las estructuras ordinarias del Estado Palestino todas sus organizaciones, dando cobertura pública a sus instituciones de beneficencia, e integrando en fuerzas regulares a sus milicias armadas. Verdad es que no caben ya más policías en Palestina. Alguna razón tienen los agentes levantiscos de Fatah cuando tienen miedo de que Hamás les despida. Alguna reconversión habrá que hacer sin duda. Y ahora que Hamás está en el poder, podrá comprobar que no es tan fácil tener encerrado en la mazmorra al monstruo de la corrupción, y con más razón en una sociedad que no tiene fuertes estructuras democráticas.
No pretendo hacer una defensa de Hamás, lo que pretendo es reivindicar nuestra propia responsabilidad, la responsabilidad de los europeos que demasiadas veces nos justificamos en la política exterior americana para mirar para otro lado y amparar las diferentes corrupciones cuando nos interesa (o interesa a nuestros gobiernos). Y no relato aquí los múltiples tiranos africanos que han expoliado a sus países guardando el botín en bancos franceses o suizos.
Cuando veo a los de Hamás en las manifestaciones con esa estética de pobres, ataviados con sus gorras yanquis de color verde, pienso que la democracia siempre se mantiene sobre dos pilares: la gestión honesta de los recursos públicos y un nivel de vida razonable de sus ciudadanos.