diariovasco.com
Lunes, 6 de febrero de 2006
 Webmail    Alertas   Boletines     Página de inicio
PORTADA GIPUZKOA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

OPINIÓN
Articulos
Retablillos de saberes varios
Alianza de civilizaciones.- Sucedió hace algunos años en el Líbano, y anda escrito en un libro con el título de El partido de Dios, de Javier Valenzuela. Pero como el odio, la ignorancia y la lucha persisten en el Oriente Próximo, pudo haber pasado ayer mismo, y podrá pasar mañana, aunque no exactamente en el mismo punto.

Resulta que un periodista irlandés, enviado especial de un diario de su país, aterriza en el aeropuerto de Beirut. Al trasladarse a la ciudad, el taxi que lo lleva es detenido por una patrulla de Hezbolá.

A requerimiento de uno de los milicianos, el periodista muestra su pasaporte; pero el nombre de Republic of Ireland no dice nada a los guerrilleros, y menos en gaélico, así que optan por preguntarle al periodista, sin ningún tapujo, que cuál es su religión. Así de claro.

Sabe el irlandés que los de Hezbolá andan a la caza de judíos, de norteamericanos y cristianos de las odiadas milicias libanesas, y que lo hacen con la consideración de quien busca cucarachas que se esconden en los rincones. El irlandés, que no carece de recursos mentales y quiere conservar su dignidad, decide contestar de una forma clara pero que resultará ambigua: «católico, apostólico y romano».

El miliciano parece sorprendido por una denominación tan larga y va a consultar con el responsable del control. Al regreso, una sonrisa ilumina su rostro mientras dice: «¿Bienvenido! ¿Romanos buenos! ¿Romanos, muy buenos! ¿Matan a los cristianos!». Y deja al irlandés pasar el control sin ocurrírsele secuestrarlo para pedir rescate, o «pasarlo» por las armas, que era para lo que estaba allí aquel grupo de hombres armados.

Llegado a su hotel en Beirut, el periodista pudo comprobar que días antes la televisión libanesa había pasado la película Quo vadis? con gran éxito de audiencia.

A veces, como en este caso, un oportuno malentendido puede valer más que mil actos de comprensión intercultural ¿Menos mal que los milicianos ignoraban la geografía de Europa, desconocían el inglés y el gaélico, andaban mal con la interpretación de los caracteres latinos, y de los cristianos y sus divisiones sólo conocían el nombre común que los abarca a todos! ¿Y menos mal también que uno de esos hombres había visto por televisión la película Quo vadis? De no concurrir tantas ignorancias, seguro que aquél día habría habido un irlandés menos.

¿Con estos mimbres, quién podrá tejer la hermosa cesta de la alianza de civilizaciones que dicen querer el señor Rodríguez Zapatero desde su aromatizado optimismo y Mayor Zaragoza desde la cátedra de su propia incombustibilidad transregimental? Y si se toman en serio sus palabras ¿por qué razón no hay un solo español en el Foro de Doha donde calladamente se labora en la tarea que ellos cacarean?

¿Mando a distancia, discriminación positiva o el poder de los sueños? - En el siglo XVII, muchos soldados tenían que pasar media vida en destinos que los alejaban de sus casas por años enteros. Se conoce que no tenían ministro bueno que los defendiese de los horarios excesivos. Así que, con ausencias tan prolongadas, lo tenían crudo en materia de perpetuar su legítima estirpe.

En estas circunstancias, el coronel Don Pedro de la Puente, del ejército imperial, gobernador de Orbitello y Castellano de Pavía, dio a la estampa en 1657 un delicioso libro titulado El Soldado en la Guardia, reunido en cuatro discursos con sus apuntamientos políticos al último dellos. El libro, esta vez comentado y anotado por Fernando Chavarría, investigador del Instituto Europeo, de Florencia, está próximo a salir en una nueva edición.

En dicha obra se recomendaba a los soldados casados y alejados durante años del hogar doméstico, que, si sus mujeres concebían pese a la ausencia de sus maridos, hicieran cuenta de que se trataba de un hijo propio y lo aceptaran sin más por heredero de sus bienes y de sus males.

Para animar a sus lectores a seguir este consejo, argüía el coronel De la Puente que los tribunales harían justicia sumaria a favor de la mujer que había concebido en ausencia del marido. Y ponía un ejemplo de prestigio: el caso de «Madama Madalena de Auvermont», (sic) a quien el Tribunal de Grenoble le dio por legítimo el hijo concebido después de cuatro años ausente su marido. El marido era el Señor de Aiguemere, que murió como Capitán de Caballos en las Guerras de Alemania.Y la mujer alegaba que su preñez se debía a haber yacido con su marido en sueños.

El coronel de la Puente invitaba a comprobar la veracidad del suceso consultando en el libro titulado Istravaganze novamente seguite del chistianessimo Reggno di Franza.

Al parecer, ante casos tan comprometidos como ese, en aquellos tiempos caballerosos, los jueces, comprensivos con las debilidades humanas, podían tomar en serio el poder de los sueños sin caer en el ridículo ni levantar protestas.

Pero cuando lo de «caballeros» va más bien para los rótulos que indican dónde está el retrete, no hay ninguna razón para estancarse en los remilgos de antaño. Así que nos vamos a remitir a la posible opinión de hoy, que seguramente estaría muy dividida.

En efecto, si el acontecimiento hubiera sucedido hoy, ahora y aquí, y se interpretara con falsilla machista, habría que aplaudir la decisión del Tribunal que reconoce al varón un poder semejante a la de un mando-a-distancia, lo cual no deja de ser una admirable anticipación de los adelantos de la electrónica. Y eso en un país donde a alguien, cuyo nombre no voy a recordar para no dar pistas, se le ocurrió decir alguna vez aquella estupidez de «que inventen ellos».

Si, al contrario, se mirara según los patrones feministas, habría lugar para dos opiniones contrapuestas: una radical y otra moderada.

La opinión radical llevaría a protestar ante el Tribunal y a «exigir» la inmediata destitución de los jueces por haber quitado de hecho a la mujer la posibilidad de practicarse un aborto, privándola así de todas las ventajas ciudadanas, sociales, libertarias y de salud mental que de tal acto médico se hubieran derivado tanto para ella como para la sociedad civil en general, según prolongada experiencia atesorada en esos centros de investigación científica que son las clínicas abortistas de este Reino de las Diecisiete Repúblicas.

La opinión moderada consideraría la decisión del Tribunal como un caso anticipado de discriminación positiva en favor de la mujer, con todo lo que esto puede significar como anuncio y prefigura de las políticas igualacionistas que hoy están en boga y en ciaboga.

Y el marido ¿qué pintaría en todo esto? Ya se dijo que, de cierta forma, se le había reconocido el mando-a-distancia a través de la línea sutil de los sueños, o sea, que no queda mal. Por otra parte, ya estaba muerto cuando se substanció la demanda declaratoria de paternidad, y a los muertos se les supone siempre buena voluntad. En consecuencia, cabe interpretar el silencio del muerto como una forma prudente de cooperar con los jueces.

Lo cual queda dicho.



Vocento
Monitor de tráfico Bidegi Canal Meteo Webcam