(...) La libertad de expresión es fundamento de la organización social de que se han dotado los países más progresivos del planeta, y Europa en particular. Su defensa como garantía última de los derechos que hacen posible el desarrollo humano nunca puede ser excesiva. Su contrapeso son el sentido común, la decencia y el respeto por la alteridad, que deben inspirar los actos de todos, especialmente de aquellos que por la naturaleza de su trabajo tienen mayor responsabilidad en el cultivo de aquellos valores. (...)