España venía haciendo un Europeo de notable pero suspendió en el último partido, donde Francia, salvo en momento puntuales, siempre dominó y dio sensación de superioridad. Desde luego, si no ganaron los de Pastor no fue por la aportación de la portería, ya que Barrufet, en el primer tiempo, y Hombrados, en el segundo, estuvieron brillantes.
La final enfrentó a dos conceptos defensivos. El francés, más tradicional a pesar de su dibujo, se basaba en el contacto y en la disuasión. Los galos cortaron la conexión de la primera línea con Uríos y, además, no permitían engarzar pases a los españoles, que empezaron a buscar la solución de manera individual, con unos contra uno que no dieron resultado.
Por su parte, España se agarró a un sistema defensivo basado en la disuasión, que esta vez le falló. La defensa no contactaba con los lanzadores franceses, que avanzaban y se levantaban sin apenas oposición. En este aspecto brilló especialmente Karabatic, al que no supieron parar.
Está claro que ayer triunfó el concepto defensivo francés, el de ir a por el contrario y destruir, el de la falta rápida... el concepto clásico. Francia ganó el Europeo con un grupo de extraordinarios atletas y una gran defensa que fue a más. Tanto, que en la semifinal y en la final sólo recibió 23 goles.
El Europeo sigue con las tendencias del último Mundial: España tiene el plantel más potente, hay equipos en formación como Alemania, y Croacia, una vez más, evidencia la necesidad de recambio para el que es el mejor trío de primera línea. Me han sorprendido positivamente Islandia y Dinamarca, aunque ésta no termina de rematar lo que de ella se espera y se tiene que conformar de nuevo con el bronce.