Cuando el buscador de conchas era niño, la biblioteca era aquel espacio en el que, después de subir muchísimas escaleras, te esperaban con los brazos abiertos Concha Chaos y Tintín. Para las hijas del buscador -¿buscadoras de conchitas en ciernes?- la biblioteca es el sitio al que llegas en ascensor y en el que te sisean todo el rato. En la Casa de Cultura de Egia no hay separación alguna entre la sección infantil y el resto. Sin brazos abiertos, las bibliotecarias miran con severidad a niños y padres. A nada que a un pequeño su entusiasmo por descubrir a Tigger o a un simpático monstruo entre los cuentos se le convierta en un gritito, llega el sssssss.