El buscador de conchas, un rarito, tiene hoy el día Mafalda. O sea, que ve la ciudad con los ojos de Quino. O algo así. Se detiene ante la tienda de brocante de la calle Alfonso VIII y se siente observado por los ojos de porcelana de cuatro muñecas y un muñeco que sonríen desde un sofacito. «¿Ustedes tienen alguna buena noticia y no nos la quieren decir!».
Camina el argentinizado buscador de conchas mientras un rumor crece hasta ser ruido. Una taladradora atruena la calle Fuenterrabía a la altura de Urdaneta, levantando cruelmente la calzada. «¿Qué están tratando de hacerle confesar a esta pobre calle?».