Francisco Lasa reaccede al cargo. Apasionado donostiarra, hijo del pueblo, llano y sencillo, prestigioso profesional, por propio esfuerzo y mérito, de un arte y mitad ciencia genuinos de estas tierras y costas, la ingeniería naval, la navegación y la pesca, llega otra vez a la Alcaldía con renovada ilusión».
Las palabras las pronunció el 1 de febrero de 1976 el gobernador civil Emilio Rodríguez Román, en la segunda toma de posesión como alcalde de Francisco Lasa Echarri. ¿Un acto municipal presidido por el gobernador civil con Franco ya muerto? Sí, claro, que la Transición, no se hizo de golpe.
Lasa Echarri, el último alcalde donostiarra de la época franquista, fue también el primero en gestos como utilizar el euskara en parte de su discurso de toma de posesión, en marzo de 1974, y en cierta apertura a los distintos sectores donostiarras.
La víspera de la muerte de Franco, el 19 de noviembre de 1975, se promulgó una ley que, manteniendo el sistema de elección franquista, aquello de la democracia orgánica por tercios representativos, introducía la novedad de que el alcalde dejaba de ser nombrado por el ministro de Gobernación a propuesta del gobernador civil y pasaba a elegirse por los concejales en votación secreta.
Eso destacó el gobernador Rodríguez Román en su discurso al decir que Lasa, «a partir de este momento, y sin perjuicio de las lealtades y dependencias que el propio cargo y el natural juego de nuestras instituciones locales y centrales comporta, es y va a ser el alcalde por la voluntad del pueblo donostiarra, expresada en la decisión de su Corporación municipal». El propio Lasa concedía importancia a aquel paso, aún alejado del sufragio universal. «Hasta ahora había sido alcalde por designación; ahora, por elección».
En su discurso de hace treinta años, Francisco Lasa hizo lo que hacen todos los alcaldes y candidatos democráticos, o sea referirse a los barrios. «Habló de los problemas de los barrios, sus necesidades y aspiraciones, señalando que son sectores tan donostiarras como la Avenida o el Boulevard», leemos en DV.
Las obras de saneamiento de la ciudad y el embalse del Añarbe fueron grandes avances del tiempo de Lasa, quien dimitiría en 1977 y, tras un breve paso de Fernando de Otazu por la Alcaldía, daría paso a la Gestora Municipal.