Al taller de Arantxa se llega por Herrera, dirección a Altza, tomando la llamada curva del bacalao, pilotando en paralelo a las vías del tren. Sobre el puerto de Pasaia, máquinas litográficas, tórculos y obras sueltas firmadas por Koldobika Jauregi, Roskow, Diego Vasallo y A. Gabino.
- Bonita máquina, ?¿Qué es?
- Una Steinmesse und Stollberg. Alemana. Una máquina litográfica. Centenaria. Muy pesada. De segunda mano. Muy precisa.
- Curioso, se diría que 'precisión' no casa con 'centenaria'. Parece que ahora lo único exacto es lo digital y lo japonés.
- Pues quien piensa así se equivoca. Esta máquina, traída de Dinamarca, cuyo primer propietario fue mi maestro Don Herbert, es de una precisión total porque trabaja con un único eje, lo que le hace ejercer toda la presión perfectamente sobre la plancha. Esta máquina ha viajado por medio mundo. La tuvo Don en Madrid. Y luego en su taller de Trintxerpe. Justo ahí enfrente.
- ¿Y este volante?
- Con él manejo los rodillos del tórculo. Para aguafuertes. Este tórculo es también de segunda mano. De un artista de Cataluña.
- ¿Estas planchas de cobre?
- Cobre para aguafuertes y grabados; aluminio para litografía.
- ¿Estos barreños con líquidos?
- Ácidos para morder el metal en los grabados.
- ¿'Morder'?
- Precisamente. El proceso de un grabado es el siguiente: sobre una plancha, con una punta seca de acero realizas el dibujo que deseas. Lo cubres todo con barniz y lo introduces en el baño ácido. Según el tiempo que lo mantengas, según la intensidad de la mordida, unas zonas quedarán más oscuras y otras, más claras. Luego deberás coger la plancha, entintar, prensar...
- Un trabajo de altísima precisión, meticulosidad y técnica.
- No imaginas hasta qué punto. La técnica te sujeta, te domina, mucho, muchísimo, en el grabado. Por el contrario, la litografía te permite mayor libertad. Incluso en el gesto de la mano. También en las técnicas, que pueden ser mixtas, pueden ser aditivas. Puedes mezclar materiales, elementos, texturas. ¿Sabes una cosa? Si trabajas mucho, demasiado, en procesos tan largos y minuciosos como el grabado, el aguafuerte, la litografía o la producción de series; si trabajas para otros artistas en labores en las que se tarda realmente mucho en ver la obra ya hecha, resulta que de pronto sientes la urgencia, la pulsión, de crear por tí misma y para tí. De hacer obra que veas rápido, que puedas tocarla en ya. Yo, por ejemplo, reciclo los residuos de los trabajos de litografía, grabado, aguafuertes. ¿Ves ese rincón de ahí?
- ¿Ese lleno de papeles, planchas, recortes y trozos?
- Exactamente. Es el lugar más preciado de mi taller. Ahí yo revuelvo, busco, guardo, encuentro, peso, sopeso y con trozos, alambres, tachuelas, bolas, voy creando una obra que no me gustaría ver enmarcada. Si caso, la colocaría sobre paneles de publicidad. Y si me la compraran, recomendaría colocarla tal cual.
- A mí me gustaría comprarle esa que parece un laberinto alambrado, pero me acabo de gastar 600 euros en una lámina magnífica y muy grande. Una flor enmarcada.
- ¿En serio? ¿Cómo se te ha ocurrido tamaña tontería? ¿Una lámina copia de una copia, de otra copia, que te la habrás comprado en un supermercado de arte o en una franquicia... Por Dios!
- ¿Tan mal lo he hecho?
- Es que, francamente, es una pena. La gente no sabe que por el mismo precio, o casi, de una lámina comercial, industrial, sin historia detrás, puede, podría, adquirir obra original de artistas que están trabajando aquí y ahora. Obra firmada, obra que puedes compartir con el autor, obra de edición limitada.
- Tengo la sospecha de que con tanta fotocopiadora sensacional, capaz de agrandar, achicar, trocear, multiplicar, hemos perdido la noción de lo que significa original, de lo que sería multicopiado, de la realidad y la reproducción.
- Cierto. Estamos liados, muy liados. Además, el mercado del arte, del arte verdadero, siempre ha sido y será, un mercado de y para minorías. Los artistas están en continua búsqueda, en continuo movimiento, como debe de ser. Pero los compradores, los coleccionistas, no abundan. A nivel popular, la competencia sale por todas las esquinas. Hasta los supermercados regalan grabados antiguos de la ciudad. El artista, para comer ha de montárselo de mil maneras. Dar clases, aceptar encargos. Y luego está la soledad. Bueno, la soledad no, porque el creador ha de ser, en cierta manera, solitario pues trabaja desde su interior. Soledad no, sino falta de comunicación con los suyos.
- Elabóreme esa idea.
- Acaso es mito o leyenda pero cuando lees libros de Historia te encuentras con que en otros tiempos había más interferencias, más injerencias, más compadreo, más tertulias, más puesta en común, de unos artistas con otros, de unas artes en otras. Yo, francamente, lo echo en falta.