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Jueves, 2 de febrero de 2006
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ANÁLISIS por Enrique Vázquez. 'Dos mensajes en uno'
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El mensaje anual sobre el estado de la Unión es, formalmente, un diagnóstico sobre cómo van los Estados Unidos, pero ocasionalmente sirve para fines más a ras de tierra y así lo entendió el presidente Bush en la noche del martes: casi una hora para acreditar que su línea de conducta se mantiene y marca el tono de la campaña de las legislativas de noviembre.

La prestación fue, en el terreno doméstico y por la fuerza de las cosas, algo oscilante entre los elevados conceptos que informan lo que Bush llamó «sociedad de la esperanza» y un manual de comportamiento electoral.

En otoño se renuevan parcialmente las dos cámaras legislativas, ambas hoy bajo control republicano, y el presidente decidió asumir pocos riesgos mientras los demócratas siguen buscando, a tientas, un creíble liderazgo alternativo.

Hay pocas dudas de que las ideas-fuerza del discurso son obra de Karl Rove, el asesor político y estratega electoral del presidente y a quien se atribuye en buena parte la reelección de Bush en noviembre de 2004, cuando, contra muchas opiniones, impuso la suya: más de lo mismo, es decir, todo supeditado a la seguridad interior y la guerra contra el terrorismo. El limón creado por la tragedia del 11-S, exprimido de nuevo.

Así, el presidente invirtió la mitad de su tiempo ante el Congreso en repetir que el país está en una guerra militar, política y cultural y que persistirá hasta que la gane. Describió a los críticos sobre Iraq como «derrotistas», sostuvo que «la victoria es el mejor camino para la vuelta a casa de los soldados», homenajeó a las tropas y sus familias y fomentó las ovaciones para algunas presentes. Un tono emotivo y marcial mezclado en la infalible fórmula del patriotismo en horas difíciles.

No hubo, literalmente, ninguna novedad central con la excepción, tal vez, del énfasis puesto en la necesidad de atenuar el consumo voraz de derivados del petróleo y cancelar de una vez la dependencia norteamericana del petróleo, una situación menos dramática de lo que pretendió el presidente porque el país sólo importa alrededor del 12 por ciento de esa agitada región.

Misma política económica y un esfuerzo adicional en educación y en I+D y eso fue todo: el corazón presidencial está en Iraq y su cabeza en las elecciones de noviembre y el mensaje republicano tradicional que ha dado buenos réditos hasta ahora. Más de lo mismo en un tono menor.




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