Este mismo explosivo y en cantidad similar fue utilizado el pasado 26 de enero por ETA en la localidad vizcaína de Balmaseda, donde la banda terrorista colocó un bomba en los juzgados.
La deflagración de Abadiño se produjo a las 22.52 horas de ayer, después de que una comunicante anónima, que dijo hablar en nombre de ETA, avisara de su colocación a la Asociación de Ayuda en Carretera (DYA) de Guipúzcoa y al diario Gara.
La explosión no produjo daños personales, pero sí ocasionó daños materiales de importancia.
El consejero vasco de Interior, Javier Balza señaló en San Sebastián que "este tipo de atentados" colocan al País Vasco "al borde del abismo" porque, aparte del peligro que suponen para las personas, tensionan "hasta el infinito un proceso que no acaba de nacer" para lograr la pacificación y la normalización política en Euskadi.
El consejero, quien lamentó que estas tensiones puedan perjudicar un proceso "antes de que puedan coordinarse bien los anclajes que permitan blindarlo", sostuvo que la sociedad vasca "ha cerrado la puerta a la violencia" por lo que no cabe buscar justificaciones a un atentado terrorista.
"La sociedad vasca sólo espera de ETA el paso definitivo: el abandono de la triste y desgraciada carrera" de violencia "que lleva tres décadas con ella", aseguró Balza, quien argumentó que "a partir de ahí será posible abrir nuevos caminos" para la "normalización política", que sólo será posible si "se cierra" la vía de la violencia.
Balza señaló que la "tarea fundamental" a partir de entonces será "la normalización política de esta sociedad" para buscar un nuevo "lazo de convivencia" para el que el ejecutivo autonómico defiende la "capacidad de decisión" de los vascos.