Emilio Guevara afirma que se va sin resquemor y agradecido al PSE después de «aportar lo que he podido». Su renuncia al escaño parlamentario supone -esta vez sí- una «despedida definitiva» porque asegura que «nunca me he envenenado con la manzana prohibida de la política».
- ¿Se marcha incómodo?
- En absoluto. Lo que he querido aportar a la política vasca ya lo he aportado. Dí el paso hace unos tres años, primero como juntero y luego como parlamentario por Álava. Entonces acepté un compromiso de carácter temporal. Siempre pensé que luego volvería a mi profesión de abogado a plena dedicación. El primero de los objetivos era dar un cierto testimonio de solidaridad con partidos que entonces sufrían una inadmisible presión terrorista. Ese testimonio ya está dado.
-Pero también ha querido ayudar al PSE a elaborar una alternativa de reforma del Estatuto en un momento en el que el nacionalismo esgrimía el plan Ibarretxe...
-Cierto, el otro objetivo era ayudar a construir en este país una posibilidad de alternativa democrática, una alternancia basada en una mejora y en una profundización del Estatuto frente a planteamientos soberanistas o independentistas que nunca he entendido. Yo hice una propuesta para el PSE, que ha aceptado esta tesis. He estado muy cómodo en el grupo parlamentario del PSE, he visto que en este grupo parlamentario se habla y se discute con mucha claridad.
-Propuso una vía de reforma del Estatuto de Gernika. ¿El acuerdo de Cataluña convergerá con su planteamiento?
-El pacto de Cataluña es una referencia ineludible e insoslayable para nosotros. Lo que yo he podido aportar en un proceso de reforma estatutaria en Euskadi -que habrá que ver si es factible poner en marcha en esta legislatura, ya sea en una mesa de partidos o en el Parlamento- ya está todo inventado. No es necesario que yo esté en la política activa.
-Ha mantenido desmarques con el PSE que no eran anecdóticos...
-La única discrepancia de fondo que yo he tenido con el Partido Socialista era puramente coyuntural. Yo no entendía la política que se desarrollaba en Álava, de no intentar un acuerdo presupuestario con aquel diputado general del PP que habíamos votado en la investidura, con lo cual he aprovechado el momento precisamente de pactos con este partido para evitar interpretaciones maliciosas.
«Despedida definitiva»
-¿La política genera adicción?
--En absoluto es mi caso. Si yo fuese un político al uso estaría con menos ganas de dejarlo que nunca porque al final se ha logrado lo que yo defendía. Comprendo que en el mundo en el que vivimos a alguien le extrañe que alguien que muerde de la manzana prohibida de la política o que muerde la manzana de la serpiente del paraíso luego no coja adicción. Pues yo no cojo adicción porque nunca me he envenenado con esa manzana. Claro que la política me interesa. Pero en mi horizonte personal, de una forma definitiva, y aunque las ranas críen pelo, ya no vuelvo a entrar en política.
-¿Despedida definitiva entonces?
-Era definitivo la otra vez, y si en este país hubiéramos tenido un país normal y no hubieran pasado las cosas que pasan, tampoco hubiera dado el paso que dí. El asesinato de Fernando Buesa y la manifestación que monta el EBB a los pocos días fue como una especie de caída del caballo camino de Damasco. Dije entonces que había que ser algo más que crítico o michelín del PNV. La presión, ahora, es menor, aunque sé que puede sonar como un sarcasmo para quien la está sufriendo.
-¿Cree que se está reconduciendo la política vasca hacia el pragmatismo?
-Sinceramente, no me hago muchas ilusiones. El problema vasco es muy difícil de resolver. Algún síntoma de cambio aparece en el último documento del EBB. No van a tener otro remedio que realizar ese giro posibilista y pragmático, como se ha visto a veces a lo largo de su historia. El paralelismo con Cataluña es claro. Además, no hay otra salida que un nuevo ciclo estatutario o mantener esta situación de empate y de bloqueo. El Estatuto de Cataluña va a ser un marco de referencia en cuanto a clarificación de competencias, blindaje del autogobierno y límites de una reforma en Euskadi... Porque hemos perdido cuatro años enteros y mientras que en 1979 fuimos los primeros y la referencia la marcábamos nosotros, ahora con la milonga del estado libre asociado y del nuevo marco jurídico hemos perdido un tiempo de oro. Eso que se lo apunte en su pasivo el señor Ibarretxe y sus colaboradores. Tengo bastante confianza en el sentido de país y en el sentido común de los dirigentes del PNV. La única salida es la de un cambio de rumbo. No sé cuándo se producirá, esto será lento, pero la salida es ésa. No hay otra. Las Cortes Generales no van a aceptar el reconocimiento del derecho de autodeterminación. Porque eso ni siquiera ha pasado en Canadá. Allí lo único de lo que se ha hablado es que si hay una mayoría clara habrá que entrar a negociar, pero se niega que haya derecho a la libre secesión.
-¿Esperanzado con la posibilidad de una paz próxima?
-Estoy más pesimista porque realmente, salvo el hecho de que no hay atentados mortales, veo que la realidad sigue siendo la misma. Continúan las bombas y el chantaje. Ahí si que quiero cree y tener fe. Mientras, ver para creer.